La hernia inguinal en pediatría es una malformación congénita frecuente que aparece al nacer. Requiere cirugía, pues no se corrige de forma espontánea.

Publicado por: Información suministrada
Información suministrada Mauricio Duarte Vergara, cirujano pediatra, Academia Nacional de Medicina, Magistrado Tribunal Ética Médica Santander.
La hernia inguinal en pediatría ocurre desde el nacimiento. Es una enfermedad congénita que se presenta cuando, durante el desarrollo fetal, la gónada (testículo) desciende desde la cavidad abdominal hasta el escroto. Este proceso debe completarse antes de la semana 36 del embarazo.
Al descender, el testículo lo hace por el canal inguinal, ubicado a nivel del pubis, el cual debe cerrarse inmediatamente después del descenso. En el caso de las niñas, la gónada (ovario) permanece en el abdomen, pero desciende el ligamento redondo (equivalente al cordón espermático en los niños).
Una vez ocurre este descenso, el canal también debe cerrarse. Si esto no sucede, queda abierto y por allí pueden introducirse las asas intestinales, los ovarios o cualquier otro órgano intraabdominal, produciendo la hernia inguinal.
Se estima que alrededor del 8 % de las hernias serán bilaterales, cifra que asciende al 18 o 20 % en prematuros.
La hernia inguinal es la patología quirúrgica más frecuente en pediatría. Se presenta en aproximadamente uno de cada 1.200 recién nacidos, siendo más común en varones y en bebés prematuros. Cuanto más pequeño es el bebé, mayor es el riesgo.
La causa es completamente congénita y no tiene relación con esfuerzos durante el embarazo, traumas, golpes o actividades del bebé. Esta patología no desaparece por sí sola y siempre requiere cirugía para su corrección. Lea también: Ecografía dermatológica: aliada clave en la medicina estética
Diagnóstico, tratamiento y cuándo es una urgencia
Por lo general, quien detecta la hernia es la madre del bebé, al notar una masa o abultamiento en la zona inguinal, que aparece cuando el niño llora o puja. Esta masa no suele ser dolorosa y se introduce sola de nuevo.
Publicidad
En niños en edad preescolar, se observa al momento del baño o cuando el niño tose por una gripe. En edad escolar, es el niño quien puede mencionar la aparición de la masa al hacer ejercicio.
Aunque no es una urgencia, sí es necesario consultar al médico general o pediatra para confirmar el diagnóstico y remitir al cirujano pediatra, quien es el único especialista entrenado para realizar esta intervención.
95 % de los casos no requiere ecografía ni otros exámenes especializados
La hernia se convierte en una urgencia únicamente cuando se presenta una complicación llamada encarcelamiento o estrangulación. Esto ocurre cuando el intestino que protruye no puede regresar a la cavidad abdominal y la madre no logra introducirlo manualmente.
En ese caso, se debe llevar al niño de inmediato a una institución médica, donde un pediatra experimentado intentará reducirla. Si no es posible, el cirujano pediatra deberá intervenir quirúrgicamente de urgencia para evitar que el intestino se perfore y cause una peritonitis, lo que pondría en riesgo la vida del niño. Cuanto más pequeño es el paciente, más delicado es el pronóstico.
Una vez confirmado el diagnóstico se programa la cirugía en todos los casos. Toda hernia inguinal diagnosticada debe operarse.

Cirugía y recuperación
Para el procedimiento quirúrgico no se solicitan exámenes especializados, salvo que el anestesiólogo, en la consulta preanestésica, lo considere necesario por otras patologías. En esa cita también se resuelven las dudas de los padres.
Publicidad
El día de la cirugía, el niño será nuevamente evaluado. Si no presenta infecciones respiratorias, problemas en la piel u otras condiciones, será intervenido. Le puede interesar: Resonancia magnética: usos, beneficios y avances
La cirugía es ambulatoria y se realiza bajo anestesia general. Consiste en hacer una pequeña incisión en la región inguinal del lado afectado para cerrar el canal que no se cerró naturalmente.
Actualmente, también puede realizarse por vía laparoscópica, con una, dos o tres pequeñas incisiones. En los niños, a diferencia de los adultos, no se colocan mallas ni elementos extraños, solo se cierra el conducto.
El procedimiento dura entre 30 y 45 minutos, y el niño podrá regresar a casa entre dos y tres horas después, sin limitaciones dentro del hogar. Se le formularán analgésicos, pero no antibióticos. El control con el cirujano se realizará ocho días después.
Publicidad
A diferencia de los adultos, la recurrencia de esta patología en niños es casi nula.
Aunque se trata de un procedimiento quirúrgico, los riesgos son mínimos si se siguen los protocolos adecuados. Postergar la cirugía solo expone al niño a complicaciones graves que pueden poner en riesgo su vida. Ni la edad ni el peso son motivo para aplazar el tratamiento.
Si tiene dudas sobre este o algún tema relacionado con la sección de salud, puede enviar sus preguntas y un grupo de especialistas se encargará de resolverlas: preguntasdr.joaquinfernando@gmail.com












