martes 24 de septiembre de 2019 - 12:00 AM

Bolsonaro no despega

El gobernante ultraderechista arrastra una mala racha en Brasil y es actualmente blanco de críticas por su desempeño, especialmente en el tema ambiental y económico.
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Los ocho meses de gobierno de Jair Bolsonaro han sido turbulentos, marcados por la decepción y un quiebre de las expectativas, en medio de una economía brasileña que no despega.

Muchos de los 57,7 millones de electores confiaban en que el exmilitar ultraderechista diera la vuelta al sistema y resucitara la economía, encarnando una apuesta de renovación en un país dominado por el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) durante los últimos 12 años, pero lo que han notado son sus dificultades para gobernar.

La sucesión de errores por su falta de experiencia de gobierno, el deterioro de sus relaciones con el Congreso y su lucha por mantener unida a su coalición, le han costado a Bolsonaro una caída en su credibilidad.

A todo esto se le suma la puesta en duda de sus reformas y el fin de la luna de miel con los mercados.

Además, prometió romper con la “vieja política” y combatir la corrupción, pero no ha cumplido las expectativas, al punto de que en menos de un año de gobierno es el presidente más impopular de la historia de Brasil.

En ese sentido, Aaron Taus, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional, remarca que Bolsonaro hizo de la corrupción un derrotero de su programa de gobierno, pero tiene a su entorno más cercano salpicado por un escándalo.

Su hijo Flávio Bolsonaro está involucrado en dudosas transacciones de bienes raíces y se dice que contrató de manera irregular a empleados en su gabinete, incluidos representantes del crimen organizado de Río de Janeiro.

“No es un político limpio y está vinculado con el mundo del crimen organizado... no ha logrado mejorar la seguridad en las favelas, que era una de sus promesas en campaña”, señala el experto.

Observa también que la mayor economía de América Latina sigue en crisis.

“Mucha gente tiene dificultades para encontrar trabajo y el costo de la vida es muy alto”, comenta. En Brasil hay 13,1 millones de desempleados.

De otro lado, destaca el ataque ideológico del gobierno de Bolsonaro contra las universidades públicas y los colegios con orientación más progresista, haciendo recortes de los presupuestos en materia de educación, lo que ha llevado a miles de estudiantes a protagonizar multitudinarias protestas este año.

Taus, igualmente, señala que el balance ecológico es muy negativo y es preocupante no solo para Brasil, sino para todo el mundo, refiriéndose a los incendios en la Amazonía.

“Demostró que tampoco tiene una sensibilidad o un interés por proteger el medio ambiente, es un amigo de la agroindustria”, cuestiona el docente universitario.

En su opinión, la gente en Brasil se está dando cuenta de que “las esperanzas que tenían en Bolsonaro eran mentiras, y problemas estructurales como desempleo, corrupción e inseguridad siguen reproduciéndose en el país suramericano”.

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Retórica antipolítica

De acuerdo con Diego Cediel, analista político y experto en Geopolítica, Jair Bolsonaro está sufriendo las consecuencias de haber despertado muchas expectativas de cambio y de renovación en su campaña, y de una retórica que es muy difícil de llevar a la práctica.

Por ejemplo, cita que Bolsonaro se muestra como una “figura antipolítica” y “no tradicional”, que sirvió para captar una serie de atenciones respecto a él.

“Pero de allí a que reactive la economía y restablezca la posición de Brasil en el mundo, le falta mucho porque precisamente se queda en una retórica antipolítica y antisistémica que no le resulta cuando ya está en el gobierno”, recalca el analista político.

Es por ello que, según Cediel, Bolsonaro necesita una serie de mecanismos de autolegitimación de su gobierno, que sí los tiene Donald Trump en Estados Unidos.

Es decir, explica que Trump cuenta en su haber con cifras laborales y económicas que le permiten decir que el problema era de aquellos que estaban manejando el poder en EE.UU. antes de que lo eligieran presidente.

Así pues, Trump puede seguir manteniendo esa política. A diferencia de él, Bolsonaro no tiene los números ni las cifras económicas “para poder legitimarze como el remedio de Brasil”, razón por la cual “su figuración geopolítica se está opacando”, subraya Cediel.

Ahora bien, asegura que hay fenómenos de carácter ambiental que lo muestran, no como antipolítico que se presentó en las elecciones en 2018, sino como el gobernante de los ricos y los poderosos en Brasil que están depredando la selva amazónica.

Uno de los principales problemas que tiene Bolsonaro es que él quiere hacer un cambio radical en toda la estrategia económica, diplomática, y política de Brasil, apunta Isaac Bigio, analista internacional y profesor del London School of Economics.

En esa línea, menciona que en las últimas dos décadas, Brasil fue girando en una estrategia encaminada a crear un bloque suramericano de naciones, representado en la Unasur, “tener una política exterior autónoma en favor de un mundo bipolar”.

Sin embargo, afirma que Bolsonaro quiere acabar esa política, y “pasar a una de total alineamiento a Estados Unidos”.

Adicionalmente, Bigio llama la atención en el hecho de que Bolsonaro ha querido tener una base social más grande, que se ha venido reduciendo, y básicamente su fuerza radica en las iglesias evangélicas que quieren un conservadurismo social, por ejemplo contra el matrimonio gay y el aborto.

Está además, el problema del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, más popular que Bolsonaro, pese a que está en la cárcel, advierte. Si bien acusan de corrupción a Lula, es un hecho que personas alrededor del mandatario Bolsonaro también enfrentan cargos de corrupción.

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Promesas incumplidas
Julián Escobar, investigador de la Universidad Piloto de Colombia, evalúa que el gobierno de Jair Bolsonaro ha tenido muchas complicaciones en muchos aspectos, especialmente por promesas incumplidas.
Aunque reconoce que de cierto modo, Bolsonaro sí ha cumplido lo que ha prometido, es decir ha sido de “mano dura, un gobierno que no ha cambiado su discurso de desprecio frente al medio ambiente, los derechos humanos, defensor de las armas por parte de ciudadanos, que ataca a comunidades indígenas, no ha mostrado ningún grado de respeto a nivel nacional e internacional, ni respeto por la Amazonía, y con fuertes divergencias con sus vecinos”, asevera el experto, quien repara en que esa actitud ha llevado a rupturas con los países europeos y Canadá.
Esta situación, a su juicio, ha afectado un posicionado en términos de liderazgo de Brasil, en el ámbito internacional.
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