miércoles 20 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Informe especial: Jimmy Carter, una vida por la paz

38 años después de haber sido presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter es recordado por muchos como el presidente de las causas humanitarias, mientras otros lo describen como un fracaso para la política americana.
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El grave estado de salud que presenta desde hace varios meses el expresidente estadounidense Jimmy Carter, el cual empeoró en los últimos días, lo ha traído a la memoria de los norteamericanos, y de muchos otros países en el mundo.

En efecto Carter es no solamente el expresidente de los Estados Unidos más antiguo y más longevo en la actualidad, sino una figura paradójica, en tanto que a pesar de su talante sosegado y prudente, ha sido una figura bastante polémica en la política mundial.

Para muchos estadounidenses, Carter hizo una presidencia intrascendente, pero para otros, y para buena parte de occidente y el cercano oriente, el expresidente ha sido el secreto del éxito de decenas de complejos procesos de paz.

Expresidente admirable

Camilo Reyes, excanciller de Colombia y exembajador en Estados Unidos, reconoce a Jimmy Carter como un hombre que desde el punto de vista de los intereses de Latinoamérica fue muy generoso, sorprendentemente sereno y tranquilo. Un gran activista, promotor de los derechos humanos y de los acuerdos de paz.

“Respecto a la relación entre Estados Unidos y América Latina es un ejemplo para sus sucesores, sin duda alguna la región lo reconocerá siempre como el presidente americano que fue capaz de construir acuerdos”, refiere Reyes.

Y aunque confiesa que Carter fue señalado como un presidente muy blando en algunos temas que en Estados Unidos parecían representar un interés mayor, asegura que su legado de luchar por los valores humanitarios y más altos del ser, es mucho más significativo.

“Carter representa el tipo de rol que un exmandatario de Estado puede asumir retirándose de la política y dándole espacio a sus sucesores sin cometer el error de seguir participando y de seguir influyendo después de haber ejercido el poder. Este hombre le aportó valores no solo a su país sino a la humanidad”, señala.

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Promotor de derechos

Desde que abandonó la Casa Blanca, Jimmy Carter se dedicó a la mediación en conflictos internacionales y al apoyo de causas humanitarias, lo que le valió en 2002 el Premio Nobel de la Paz.

Hoy, a sus 95 años y con serios problemas de salud, es pastor en la Iglesia Bautista de Maranatha, en la ciudad de Plains, al sudeste de Georgia, un recinto cristiano en el que imparte clases sobre la biblia dos veces al mes y al que aún asisten cientos de fieles.

Para Germán Cortés, investigador de la Universidad Piloto de Colombia, el diplomático norteamericano ha sido un referente muy importante en cuestiones de protección, defensa y promulgación de escenarios relacionados con los derechos humanos.

Pese a que ha sido un personaje cuestionado por aparentemente ser muy progresista para el partido demócrata, no deja de ser fundamental en la resolución de conflictos históricos.

“Siempre será vinculado a esfuerzos diplomáticos para disminuir la violencia y manejar mejor los conflictos sociales, políticos y económicos”, resalta.

Según el analista, hoy la política ha sido desvirtuada, ya no tiene el brillo de antaño, cuando había discusiones propositivas y un debate abierto en el cual los temas salgan ‘avanti’ a favor de los pueblos, que es lo que se le reconoce en últimas al demócrata Jimmy Carter.

“La época de Jimmy Carter es interesante. Es un momento cuando el mundo de los derechos empieza a tener lugar importante en la discusión política global. Él particularmente establece una política de Estado que promueve y proclama los derechos fundamentales”.

Otra cara de la moneda

En sus intentos por anteponer siempre la diplomacia, Jimmy Carter se enfrentó a duras críticas en su país, que lo tildaban de débil ante situaciones de confrontación.

Así las cosas, su último año presidencial estuvo marcado por la toma en 1979 de la embajada estadounidense en Irán y la retención de rehenes, el intento sin éxito de rescate de los retenidos, una grave escasez de combustible y el comienzo de la Guerra de Afganistán.

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A juicio de David Castrillón, docente Investigador de la Universidad Externado de Colombia, a Carter le quedó grande la presidencia de Estados Unidos. Según su análisis, no fue un buen líder, pero sí una persona capaz de ponerle atención a los detalles y lograr cosas a partir de ello. Esa cualidad le permitió ser un negociador exitoso.

“Durante el mandato de Carter, Estados Unidos nunca estuvo peor. Del 77 al 81 se dieron un número de situaciones a nivel internacional como doméstico que pusieron al país en una muy mala situación. Esos años fueron de altísimo desempleo, inflación, escasez de gasolina, apagones y disturbios, fueron años en los que se vio perdiendo la Guerra Fría y la Unión Soviética se veía más fuerte que nunca”.

Para Castrillón, Carter fue el Obama de su era, a su manera.

“Carter intentó devolverle el corazón a la política exterior de Estados Unidos, rechazó la política tradicional y se propuso hacer algo nuevo, pero, a diferencia de Obama, falló, porque su visión era un poco más idealista en un contexto en el que Estados Unidos necesitaba ser un poco más realista”.

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