jueves 28 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Uruguay gira hacia la derecha

En medio de un clima regional convulso, Uruguay ha optado por un gobierno de centro derecha, dejando atrás tres mandatos consecutivos de la izquierda.
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Uruguay se sumaría a los países latinoamericanos que dieron un giro político a la derecha, siguiendo los pasos de Brasil, Colombia, Chile y Panamá, a excepción de México y Argentina, que confirmaron su vuelta a la izquierda recientemente.

Aunque hasta hoy o mañana se conocerá el ganador absoluto de las muy disputadas elecciones del pasado domingo, ya que tan sólo algo más de 28 mil votos (un 1,2% de diferencia) separan al candidato de centro-derecha Luis Alberto Lacalle Pou del izquierdista Daniel Martínez, todo indica que el primero será el próximo presidente de Uruguay, y sucederá a Tabaré Vázquez, a partir del primero de marzo de 2020 hasta 2025.

A juzgar por la situación, Uruguay, el país más pequeño de Sudamérica con 3,4 millones de habitantes y que se precia por su madurez política, fortaleza institucional y estabilidad democrática, le ha apostado a un cambio de rumbo político.

Si el exsenador de 46 años e hijo del expresidente conservador Luis Alberto Lacalle se impone, pondrá fin a un proyecto de país liderado por el izquierdista Frente Amplio, que durante los últimos 15 años trajo avances importantes en materia social y buenos indicadores económicos.

Hay que tener presente que Uruguay es considerado el país más igualitario de Latinoamérica; el salario real creció un 60%; la pobreza bajó del 34% al 8% y la indigencia del 4,5 al 0,1%, en los últimos años. Aunque sí es el país con mayor carga tributaria de toda América.

Renovación natural

Mauricio Jaramillo, analista político y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario, explica el viraje a la derecha en Uruguay como una renovación propia de la política como en toda democracia que se respete, después de un período hegemónico de una coalición de partidos de centro y de izquierda, agrupados en el Frente Amplio.

Lo que se vive en Uruguay demuestra que tiene una democracia sólida, pluralista y donde la alternancia es posible, insiste el experto, quien también reconoce cierto desgaste de liderazgo de la izquierda en el poder.

El giro se da básicamente porque la gente quiere cambios, si bien el modelo de izquierda consiguió una serie de logros importantes y avances destacados, agrega en ese sentido Jaramillo.

De hecho, reconoce el porcentaje de votos para un candidato que se presenta tras 14 años en el poder es alto (46,8% de votación) y en su opinión, demuestra hasta qué punto los años del Frente Amplio dejaron una huella muy difícil de borrar en los uruguayos.

Adicionalmente, señala que los empresarios quieren un gobierno más cercano a sus intereses como lo ofrece Lacalle Pou, especialmente por esa la idea de nacionalismo económico que hay en Estados Unidos y Brasil.

“Hay un ambiente más propicio para que llegue un candidato más representante de la política tradicional y cercano a los empresarios”, argumenta.

Los retos

Entre los mayores retos del próximo presidente uruguayo, Jaramillo destaca el que tenga que gobernar cuando gana por un porcentaje de votos tan estrecho.

Es decir, teniendo en cuenta que la oposición tiene un mandato importante, con una posición muy empoderada debido al resultado electoral, y por esos tres períodos de mandato.

En segundo lugar, se refiere a que debe mantener a flote el modelo uruguayo, que se ha visto como un ejemplo para otros países, gracias a una política de expansión general en el mundo.

Otro desafío que cita Jaramillo, es que el nuevo mandatario de Uruguay llegue en un ambiente latinoamericano fuertemente polarizado y agitado.

Por un lado, el brasileño Jair Bolsonaro con un discurso anacrónico y nada interesado en la región; con Aníbal Fernández en Argentina que va a insistir en la integración a través del Grupo de Puebla (reúne a líderes y movimientos políticos, mayoritariamente de oposición, no instituciones estatales), un Chile convulsionado y toda la crisis de larga data de Venezuela.

Así pues, tendrá que “mantener esa idea de moderación que siempre ha tenido Uruguay y que le ha dado reconocimiento y credibilidad regional”, enfatiza el profesor universitario.

Entre tanto, Javier Garay, docente e investigador de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia, tiene otra lectura sobre lo ocurrido en el país del Cono Sur.

Este cambio político lo interpreta diferente a lo que sucede en América Latina, pues si bien puede haber críticas con el anterior gobierno de Mujica y la tibieza del saliente de Vázquez, no percibe el mismo hartazgo como en otros países de la región, o que esto, se traduzca en un viraje absoluto o radical del modelo político.

Para él, esto se debe sencillamente al proceso mismo y al grado de desarrollo de la democracia en Uruguay.

En cuanto a los retos a los que se enfrenta el nuevo mandatario de los uruguayos, Garay enumera problema de pobreza, así como la generación de mayor riqueza en la región.

En lo que respecta al actual contexto regional, el investigado advierte que puede ser que este cambio político uruguayo genere algunas tensiones en relación con la llegada de gobiernos de izquierda, específicamente con su vecino Argentina.

Lea también: El sur también elige

$!Uruguay gira hacia la derecha
Péndulo político
Para el politólogo e investigador de la Universidad Nacional de Colombia, Alexander Emilio Madrigal, los resultados del balotaje en Uruguay dan cuenta de cómo el péndulo electoral en América Latina, que oscila entre la izquierda y la derecha, en este caso se vuelve a inclinar hacia esta última.
Luego de una continuidad de gobiernos de izquierda de la mano del Frente Amplio, que perdería las elecciones por estrecho margen, la situación de todos modos no le dará mucha fuerza al próximo presidente centroderechista que posiblemente se enfrentará problemas de gobernabilidad, considera Madrigal.
Lo que se espera, por otro lado, anota, es que Uruguay no se sume a este escenario latinoamericano de inestabilidad política y que no se produzca ese efecto contagio. Más bien, cree que habrá una consolidación de un bloque de derecha regional.
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