viernes 25 de junio de 2021 - 9:46 AM

Video: La tradicional fiesta inca del Sol regresa tras un año de pandemia

En el centro de la solemne plaza ancestral en la región peruana de Cusco, la figura estelar del Inca y los sacerdotes renovaron la promesa de fidelidad al dios Inti, a quien ofrecieron chicha sagrada y pidieron que les favorezca con prosperidad.
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La tradicional celebración inca del Inti Raymi o Fiesta del Sol volvió ayer a deslumbrar en el complejo arqueológico de Sacsayhuamán, en la región sureña de Cusco, para marcar el inicio del nuevo año andino, tras haber sido suspendida en 2020 por la pandemia de la COVID-19.

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La música de los pututos -conchas usadas como instrumentos de aire- marcó el comienzo del espectáculo del Inti Raymi, una antigua fiesta religiosa del Imperio Incaico para recibir el año venidero y rendir culto a la divinidad áurea cada solsticio de invierno, cuando el astro rey está más cerca de la Tierra.

La fortaleza de Sacsayhuamán, en la antigua capital inca, sirvió de marco a unos 400 artistas, entre músicos, bailarines y actores, que representaron al soberano Inca, sacerdotes y los pueblos que conformaban su imperio, que llegó por el norte hasta Pasto (Colombia) y por el sur hasta el río Maule (Chile).

La festividad del Inti Raymi fue declarada en 2001 Patrimonio Cultural de la Nación peruana.

La fastuosa ceremonia, que se festejó esta vez sin público, estuvo marcada por presagios y pedidos de “unidad” para el año del bicentenario de la independencia del Perú ante la fractura política y social que vive el país tras los comicios presidenciales del pasado 6 de junio.

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A su alrededor, centenas de personajes lucían los coloridos y tradicionales vestidos incas mientras bailaban y daban ofrendas al Sol.

El momento cumbre de la fiesta llegó con el sacrificio de una llama y la posterior auscultación de su corazón para predecir el futuro que, según relató el Inca poco antes de coronar la ceremonia, viene lleno de augurios “muy dulces”, de “bienestar, poderío, integridad, progreso y unidad” y apenas una advertencia: “Gobernar con prudencia, justicia y honradez”.

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Sagasti pide unidad

El evento, de carácter eminentemente simbólico, contó con la participación virtual de varias autoridades del Qhapaq Ñan -el sistema vial andino previo a la conquista de los españoles que comparten Chile, Ecuador, Bolivia, Argentina, Colombia y Perú-, y con la presencia del presidente Francisco Sagasti y ministros de Estado, entre otros.

En su discurso, Sagasti hizo un llamado a la unión de la sociedad peruana, a la que instó a respetar y potenciar su diversidad cultural y no fomentar divisiones que destruyan la patria con “enemigos” como la intolerancia, el racismo, la discriminación y la violencia.

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“Esta rica diversidad, esta mezcla de mezclas que somos todos los peruanos, nos hace ver que hoy al cumplir el bicentenario de la independencia debemos encontrar en la diversidad los ingredientes de una unidad”, declaró.

El mandatario insistió en la necesidad de “dejar de lado la discordia, el rencor y la sospecha”, sobre todo en la “vida política”, en una alusión explícita a la crispada coyuntura postelectoral del país.

“Ahora, el virus de la desunión se añade al de la pandemia y su convergencia nos deja pérdidas irreparables y desafíos inmensurables tanto como individuos, como familias, como sociedad y como Estado”, se lamentó.

Cuatro siglos de olvido

Antes de la ceremonia central, varios sacerdotes participaron de otro ritual en el yacimiento cusqueño de Coricancha, donde el Inca recibió un baño de purificación para ahuyentar los malos espíritus y poder comunicarse con el dios Inti.

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Originalmente, el homenaje que los incas rendían a su deidad se realizaba cada 21 de junio, coincidiendo con el solsticio de invierno en el hemisferio sur, y se extendía por quince días.

La última fiesta del Sol que se realizó con la presencia de un emperador Inca fue en 1535, un año antes de la conquista española, y después quedó por cuatro siglos prácticamente en el olvido.

No fue hasta 1944 cuando el historiador Humberto Vidal y el escritor cusqueño Francisco Espinoza rescataron esta festividad del calendario inca y realizaron una reconstrucción histórica de la misma, con base en lo que plasmó el cronista Inca Garcilaso de la Vega en sus “Crónicas Reales”.

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