Hemos finalmente llegado al momento de despedir al presidente Álvaro Uribe Vélez. Ha sido un periodo atípico en la historia del país. Desde el primero hasta el último día rompió esquemas, paradigmas y tuvo su sello personal e indeleble. Es bueno recordar que Uribe recibió un país sitiado por la guerrilla, aterrorizado por los paramilitares, con altísimas tasas de homicidio y secuestro, serios problemas para la actividad sindical, modestas tasas de crecimiento e inversión extranjera, unas exportaciones muy discretas y mucho por hacer en el aspecto social.
Publicado por: Carolina Leal Pinzón
Hemos finalmente llegado al momento de despedir al presidente Álvaro Uribe Vélez. Ha sido un periodo atípico en la historia del país. Desde el primero hasta el último día rompió esquemas, paradigmas y tuvo su sello personal e indeleble. Es bueno recordar que Uribe recibió un país sitiado por la guerrilla, aterrorizado por los paramilitares, con altísimas tasas de homicidio y secuestro, serios problemas para la actividad sindical, modestas tasas de crecimiento e inversión extranjera, unas exportaciones muy discretas y mucho por hacer en el aspecto social.









