En medio de esta incertidumbre, los más afectados, como sucedió en la pandemia, son los niños y adolescentes.
Publicado por: Oscar Iván Rey Herrera
Si algo nos dejó como lección la pandemia fue la capacidad de adaptarnos a nuevos
modelos de aprendizaje, trabajo y estudio sin depender de la presencialidad. Si bien
nuestro deseo fue siempre volver a reencontrarnos con compañeros de trabajo y
estudio, muchos encontraron tambien en la virtualidad un modelo de vida ajustado a
sus ideales. Pero desafortunadamente, perece que olvidamos los aprendizajes que
forjamos durante la crisis sanitaria. Hoy, el paro camionero parece sumirnos
nuevamente en una situación similar, donde la movilidad se detiene y nuestras rutinas
se ven alteradas.
Si han tenido la posibilidad de salir a la calle, se percibe una tensa calma mientras que
algunas vueltas como notarias o bancos son un placer, pero otras como el mercado, el
combustible, la salud y la educación recibieron el impacto más grande. Adicionalmente,
percibo que la mayoria de empresas no lograron, o quisieron, establecer directrices
claras para trabajar de manera remota o híbrida mientras que por su lado colegios y
universidades optaron por suspender actividades y retrasar el calendario académico.
En medio de esta incertidumbre, los más afectados, como sucedió en la pandemia, son
los niños y adolescentes. La continuidad de su aprendizaje queda comprometida,
recordándonos que aún falta camino por recorrer para garantizar una educación que se
adapte a las emergencias. El futuro del país, representado por nuestros jóvenes, no
puede seguir siendo el más vulnerable ante las circunstancias que podríamos manejar
mejor con las herramientas que ya tenemos. Si hubiéramos anticipado esta situación y
adoptado la tecnología que ya está disponible, sin olvidarnos del pasado, muchos
habrían continuado sin interrumpir su productividad, y el impacto en la educación de los
jóvenes se habría minimizado. Ojo, no estoy restando importancia a los sectores que
no tienen opción, pero aquellos que sí podían haberlo hecho, deberían haber actuado.
El costo que están pagando los niños y jóvenes, al ver interrumpido su aprendizaje
nuevamente, es inaceptable.
Que lejos estamos de convertirnos en esa ciudad inteligente o hub tecnológico y
educativo con el que alguna vez soñamos. En un mundo donde herramientas como la
inteligencia artificial (IA) avanzan rápidamente y donde las herramientas tecnológicas
que surgieron durante la pandemia demostraron su efectividad, deberíamos haber
aprendido algo.
Dediquemos tiempo y esfuerzo a construir fortalezas que, este gobierno o cualquier
otro, puedan destruir, repensemos un futuro donde tengamos herramientas y
competencias que una crisis como que vivimos no nos afecte.










