Atacar militarmente a un gobierno progresista no es una buena carta de presentación para negociar, a riesgo de perder el espacio ofrecido por el gobierno Petro para el dialogo de paz y su reconocimiento como constructor de paz.
Publicado por: Jorge Castellanos Pulido
Todos en Colombia, por la historia misma, parece que coincidimos en la premisa de que el dialogo político es la puerta para la superación y solución negociada del conflicto social y armado que padecemos, cumplidas más de cinco décadas.
El contexto del conflicto en Colombia es bastante complejo con sus actores, muestran sus contradicciones profundas, en una sociedad despedazada por la corrupción sistémica, el capitalismo salvaje, la desigualdad, y amenazada por múltiples fusiles que claman revolución sin asumir los verdaderos procesos políticos democráticos.
Atacar militarmente a un gobierno progresista no es una buena carta de presentación para negociar, a riesgo de perder el espacio ofrecido por el gobierno Petro para el dialogo de paz y su reconocimiento como constructor de paz.
La estrategia de provocaciones y paros armados del ELN contra poblaciones marginadas y regiones afectadas por el conflicto, lejos de obtener fortalezas al proyecto insurgente lo distancia de la sociedad y de los sectores populares que reclaman condiciones de libertad, participación y bienestar económico y social. Inaceptable reclutar niños y jóvenes, extorsionar, secuestrar, atentar contra instalaciones militares que se encuentran en opción de paz.
Desconocer y violar el principio de distinción entre combatientes y civiles que NO participan en el conflicto es un gravísimo atropello al DIH y a los derechos humanos. Olvidan que en la guerra no todo está permitido, hay un marco de respeto humanitario que debe respetarse, pero Ni siquiera el derecho consuetudinario de la guerra lo respetan.
¿A quienes benefician?

El discurso maximalista y desafiante del comandante del ELN Antonio García, es una clara demostración de búsqueda de liderazgo de oposición y publicidad en los medios del establecimiento que curiosamente coinciden en atacar al gobierno del cambio.
Igual que en los grupos disidentes se aprecia un protagonismo negativo con ningún gesto de paz y reconciliación con el pueblo colombiano; paros armados, más sufrimiento y dolor al pueblo chocoano, Arauca, Guaviare, Meta, Norte de Santander, Antioquia, Cauca y Nariño, intentando convencer que su violencia es buena.
Todo parece indicar que el ELN y las disidencias están perdiendo la oportunidad de ser un actor y fuerza fundamental en la construcción de paz y país, hacer realidad el anhelo de todos los colombianos en la superación del conflicto armado colombiano. ¿al ELN parece no importarle?
Está claro que necesitamos un estado fuerte pero no fundado en la violencia ni en la arbitrariedad, mejor en el respeto a la diferencia y a la democracia, un estado social de derecho de verdad. Es la tarea que debería agendar un congreso admirable para una nación grande, respetada y progresista.










