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Jueves 21 de noviembre de 2024 - 04:30 AM

La paz integral no es la paz total

Pareciera que el Eln tuviese el interés de pasar a la historia como el actor que se negó a ser constructor de la paz.

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La paz y el camino de la solución política hoy parece cerrado. En este contexto pareciera que el ELN le tiene miedo a la paz y a la agenda de negociación.

No puede ser posible que Colombia y su pueblo estuvieran condenados a sufrir la tragedia de la guerra eternamente. El movimiento social de paz ha levantado las banderas de la paz negociada, por una solución política fundada en el diálogo social y político con la participación de la sociedad en la construcción de agendas de temas y propuestas que de conjunto han presentado una iniciativa ciudadana de PAZ INTEGRAL, reformas desde los territorios para construir un proceso de cambios dirigidos a remover las causas de las desigualdades, que han sido motivos de alzamientos armados a lo largo de tantos años.

LA PAZ INTEGRAL tiene un significado humanista que va mucho más allá del cese al fuego y el silencio de los fusiles. La paz integral debe iniciar con el respeto a la vida y a los derechos humanos de todas las personas sin distingo, es el compromiso del mandato ciudadano que abraza el derecho internacional humanitario como el primer paso y compromiso serio de abandonar la violencia como estrategia de cambio.

Esta propuesta exige a los actores armados la renuncia al secuestro, a la extorsión, al reclutamiento de menores, a las amenazas y atentados contra el patrimonio público. Es un escenario de construcción de confianzas y respeto para validar el poder del diálogo democrático y la participación de la sociedad en la construcción de un mejor país con un futuro deseado por todos.

Desde luego que las posiciones evasivas asumidas por la comandancia del ELN ante el ofrecimiento del gobierno nacional para construir un escenario de paz para Colombia, en nada contribuye a su reconocimiento y aceptación de la sociedad colombiana. Por el contrario, pareciera que el ELN tuviese el interés de pasar a la historia como el actor que se negó a ser constructor de la paz y a rechazar la invitación política a incorporarse al torrente de un pueblo hastiado de la violencia en todas sus formas.

Colombia vive hoy la oportunidad de poner fin al conflicto armado, a la reconciliación, al perdón y a edificar las bases de una sociedad de cambios democráticos en una nueva visión de paz integral, mucho más que la dejación de armas, que es muy importante pero insuficiente. Requerimos una sociedad diversa, con nuevos liderazgos que adelante las transformaciones y ponga fin a las estructuras de la antidemocracia y la desigualdad. Un verdadero pacto de la sociedad para otra Colombia libre, justa y democrática.

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