En medio de esta crisis de sociedad es notable la debilidad y escaso compromiso de los partidos y movimientos políticos.
Publicado por: Jorge Castellanos Pulido
El devenir de la política colombiana pareciera atravesar tiempos borrascosos cargados de violencias, conflictos y escándalos; tal parece ser el panorama que nos presentan los diferentes medios noticiosos insistidos en posicionar su propio interés narrativo en la opinión ciudadana. Nos recuerda que las noticias no son gratuitas.
Cabe preguntarnos sobre el porqué de este fenómeno que impacta y se hace extensivo en todos los espacios de la vida cotidiana, desde el nivel local pasando por los más encumbrados debates en el escenario académico, social, gremial y político; percibimos el interés de poderosos grupos de poder que se están moviendo en todo el país alrededor de la próxima campaña electoral agendada para el 2026 que elegirá con el voto ciudadano un nuevo Congreso de la República y un nuevo presidente de Colombia.
El mensaje crea un ambiente político lleno de incertidumbre y miedo facilitando la incursión de la antipolítica predominante en el actual contexto regional y nacional, en un país que, a pesar de múltiples esfuerzos, no atina a estructurar un sólido y coherente proyecto de nación con identidad y sostenibilidad propia de instituciones fundamentadas en el ejercicio de una cultura política con principios éticos, democráticos y de servicio a la comunidad, que sea capaz de reconocernos como un país de regiones pluriétnico, multicultural y grandes potenciales de riquezas.
En medio de esta crisis de sociedad es notable la debilidad y escaso compromiso de los partidos y movimientos políticos de todos los matices y tendencias, tenemos problemáticas estructurales muchas veces diagnosticadas y nunca solucionadas.
Los partidos políticos de todos los colores abandonaros el proyecto colectivo y solidario y su deber de respetar al constituyente primario y la soberanía popular; con contadas excepciones, hoy los partidos están manipulados por pequeños grupos y personajes privilegiados, están penetrados por la corrupción y el afán de protagonismo personal, el enriquecimiento delictivo que les permite perpetuarse, no hay garantías electorales para elecciones transparentes.
La máxima aspiración de construir la paz tampoco ha sido compromiso de los partidos políticos, los proyectos de reformas: política, agraria, laboral, salud y educación han sido bloqueados por una oposición ciega al bienestar del pueblo trabajador.
El movimiento social de paz fue destruido por el pasado gobierno de Duque con el incumplimiento a los acuerdos y el asesinato de líderes sociales y excombatientes que creyeron en el derecho a la paz. Los diálogos de paz se convirtieron en una burla a la nación. Muy grave el daño causado, hoy no hay credibilidad en un proceso de paz que pueda lograr terminar la guerra.











