Las cifras de aprobación de su gobierno siguen siendo moderadamente buenas (37,3% según La Silla Vacía, 45% según Cifras y Conceptos, ambas a corte de mayo de 2025) y tiene varios candidatos viables a la presidencia de la República.
Durante los últimos 5 meses he escuchado una tesis similar que, aunque en su interior está compuesta de diferentes argumentos, siempre termina llegando a la misma conclusión: Gustavo Petro realmente no está pensando en mantener su proyecto político con la elección del próximo presidente de la República, sino con el fortalecimiento y conservación de su bancada en el Congreso de la República.
Los argumentos detrás de esta tesis son variados, y van desde el hecho de que el presidente está buscando apoyar un candidato presidencial por fuera de la esfera de su propio bloque-movimiento político (el Pacto Histórico), hasta en la inserción profunda que ha tenido Armando Benedetti como pieza clave y fundamental en su rol de intermediario político con el Congreso y con sus propias bases políticas; las últimas “limpiezas” que ha realizado en su gabinete desde que se transmitió aquel primer consejo de ministros, el pasado 4 de febrero; y la convocatoria de la Consulta Popular como motor para reactivar la movilización de sus bases.
Pero cuando uno observa estos argumentos, surge una pregunta, ¿el presidente se está viendo derrotado? y si es así, ¿por qué? Una hipótesis sería que el presidente asume que el escenario político futuro le es adverso: el desequilibrio de fuerzas que sufre en el Congreso, las potenciales crisis que pueden emerger con las denuncias de corrupción en el caso de la UNGRD o de su propia campaña a la presidencia en 2022, el fantasma del déficit fiscal —que no oculta que algunos índices económicos han mejorado en este gobierno— y el deterioro de la seguridad tanto en zonas de conflicto como en áreas urbanas.
No obstante, las cifras de aprobación de su gobierno siguen siendo moderadamente buenas (37,3% según La Silla Vacía, 45% según Cifras y Conceptos, ambas a corte de mayo de 2025) y tiene varios candidatos viables a la presidencia de la República.
Mi tesis es distinta. No creo que Petro se sienta derrotado en sí, pero sí que ha optado por proteger su legado a largo plazo, aun si eso significa debilitar su proyección política inmediata. Hay, en mi opinión, un temor más existencial que electoral: el de perder el rol de la figura en la que se encarna la transición histórica posterior a 2016. El presidente teme que su paso por el poder no marque un antes y un después en la política colombiana. Por eso se concentra en dejar una huella institucional y simbólica que resista incluso la derrota presidencial de su sector político.












