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Sábado 12 de julio de 2025 - 01:00 AM

Socorro, la chispa de la libertad

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Pocas ciudades en Colombia cargan con tanto peso histórico como el Socorro, en Santander. Y, sin embargo, pocas han sido tan injustamente relegadas en el relato oficial de la independencia del país. El Socorro no solo fue cuna de valientes levantamientos contra la dominación española, sino también escenario de episodios que anticiparon —y, en cierta forma, impulsaron— la gesta emancipadora.

Uno de ellos, por supuesto, ocurrió el 10 de julio de 1810, cuando en esta tierra bravía se firmó el acta de independencia del Socorro, diez días antes del famoso episodio del florero de Llorente en Santa Fe. Es hora de reconocer, sin eufemismos, que la chispa del 20 de julio ya ardía en las montañas santandereanas.

Pero para entender la importancia de ese momento, hay que mirar aún más atrás. Fue en el Socorro donde, en 1781, estalló la insurrección comunera liderada por Manuela Beltrán, quien rompió públicamente el edicto que imponía nuevos tributos, dando inicio a una de las primeras revueltas populares contra el dominio colonial en América Latina. Ese levantamiento, protagonizado por campesinos, artesanos y comerciantes, sembró la semilla del inconformismo que brotaría con más fuerza, décadas después.

El acta del 10 de julio no fue un documento aislado, sino el fruto de una larga acumulación de rebeldía, dignidad y pensamiento ilustrado. Fue firmada por los representantes del cabildo y se convirtió en un acto de ruptura política contra la autoridad del virrey, proclamando la soberanía del pueblo socorrano. La Constitución del Socorro es la primera de las antiguas provincias del Virreinato de la Nueva Granada que iniciaba su emancipación. En términos jurídicos y políticos, un acto de autodeterminación que sentó bases para el constitucionalismo que luego se expresaría en las constituciones de Cundinamarca, Tunja y Cartagena. ¿Por qué entonces no se le da al Socorro el lugar que merece como motor temprano del pensamiento republicano colombiano?

La historia ha sido injusta con esta heroica ciudad y por años ha sido ignorada por una clase política que solo voltea a mirarla en épocas de campaña. Mientras otras capitales acumulan monumentos, plazas y efemérides, Socorro permanece al margen de la narrativa nacional, como si sus aportes fueran anecdóticos. Cada julio, por lo menos, Colombia debería volver su mirada hacia el Socorro, no solo para conmemorar una fecha olvidada, sino para rectificar una omisión histórica. Porque el Socorro no fue solo un escenario; fue protagonista. Fue llama antes de que llegara el fuego.

Hoy, mientras el país aún busca referentes de identidad, coherencia y valentía, el Socorro sigue ahí, esperando el justo homenaje que le debe la patria. Sin el 10 de julio en el Socorro, el 20 de julio en Santa Fe no habría tenido el mismo eco.

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