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Domingo 24 de mayo de 2026 - 01:00 AM

Lecciones de humildad

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Dos historias aparentemente distintas se confabularon esta semana para enseñarnos algo acerca de la ola de desarrollos de IA que nos inundó desde el día que aprendimos a decir " chat yi pi ti".

La primera llega por cuenta de Pizza Hut, una de las cadenas de pizzerías más conocidas en todo el mundo, que enfrenta una demanda presentada por Chaac Pizza Northeast, una franquiciada que gestiona aproximadamente 111 de sus locales y que acusa a la multinacional de obligarle a usar una IA que desplomó sus ventas y enfureció a sus clientes.

En el centro de la queja está Dragontail, una herramienta de gestión de entregas impulsada por IA cuya adopción obligatoria, sostiene Chaac, proporcionó a los conductores de la app de envíos demasiada información.

En pos de la transparencia, la IA les revelaba a los domiciliarios el minuto exacto en que la pizza que esperaban saldría del horno y el monto exacto de la propina ofrecida por el cliente. El problema es que eso llevó a los mensajeros a acumular sus órdenes y a aceptar o rechazar los pedidos de acuerdo a la propina. El resultado: lejos de mejorar los tiempos de entrega, la IA los aumentó.

El otro ejemplo llega de Starbucks, qué está semana suspendió un sistema de inventario impulsado por IA y desarrollado por una empresa externa llamada Nomad Go y que había desplegado ya en más de 11.000 de sus locales.

La idea original era que la IA iba a agilizar las decisiones de inventario al llevar un conteo detallado de las existencias de café, azúcar, vasos, tapas y tipos de leche en cada local. Pero en lugar de facilitar las operaciones, el sistema de hecho empeoró algunos problemas de stock.

La explicación técnica de lo ocurrido es que, aunque contar es una actividad simple, que los humanos dominamos a muy temprana edad, la IA no sabe hacerla, programada como está para reconocer patrones y estimar el resultado más probable. Mientras un empleado nuevo corre una caja para ver si detrás hay otra, la IA sencillamente adivina si es probable que haya una o dos. Eso conduce, inevitablemente, al caos.

Es, por eso, una situación que encuentro asombrosa. En este mundo de máquinas que superan las capacidades humanas, he aquí dos actividades aparentemente simples que eluden a la IA. Ambas son, necesariamente, una lección de humildad para los colosos de la industria. El aporte humano sigue siendo necesario, si no por la creatividad, la originalidad y la inventiva que desprecian tan a menudo los modelos más sofisticados, al menos por el sentido común, que sigue siendo, resulta, el menos común de los sentidos.

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