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Sábado 02 de agosto de 2025 - 01:00 AM

Transformar residuos con conciencia

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La gestión de residuos no es solo una tarea técnica, es un imperativo ético y ambiental. Si como sociedad no nos involucramos activamente en ese cambio de cultura, seguiremos acumulando desperdicios que no solo afectan el paisaje urbano, sino que agravan nuestra huella de carbono y desperdician recursos valiosos.

En primer lugar, los residuos orgánicos representan más del 50 % de toda la basura que generamos y, si se depositan en vertederos sin tratamiento, liberan grandes cantidades de metano —un gas 21 veces más potente que el dióxido de carbono— contribuyendo significativamente al cambio climático. Sin embargo, hay una solución sencilla y eficiente: el compostaje. Procesar estos residuos, ya sea en casa o en plantas comunitarias, permite convertirlos en abono orgánico o biogás, reduciendo entre un 65 % y un 80 % de las emisiones generadas por una gestión convencional.

Un modelo inspirador viene del corazón de la Toscana: Capannori, Italia, se convirtió en la primera ciudad europea en comprometerse con la estrategia de ‘Residuo Cero’ desde 2007. Su fórmula, inspirada en los principios de reciclar, reutilizar y reparar, le permitió llegar a una tasa de reciclaje del 82 %, reducir la basura por persona de 1,92 kg diarios en 2004 a 1,18 en 2012 y autofinanciarse mediante el ahorro en eliminación de residuos al crear empleo local y fortalecer el sentido de comunidad.

Esta semana, gracias a una invitación de Prosantander —que trabaja todos los días por el desarrollo sostenible del departamento— pudimos conocer que aquí mismo en Santander, una innovación importante ya está en marcha con Enthos, en Betulia. Se trata de la primera planta comercial en Latinoamérica para la gestión de 200 toneladas al día de residuos orgánicos, y que aspira a convertirse en el principal proveedor de alimento para animales, derivado de insectos. Además de innovador, allí se gestan nuevas oportunidades de empleo local, mujeres en su gran mayoría.

Como sociedad, nuestro rol es claro: aprender a separar en origen, reducir el desperdicio y adoptar prácticas como el compostaje doméstico que no requieren ni tecnología sofisticada ni grandes inversiones. Si cada hogar compostara, los beneficios climáticos serían enormes. Pero también necesitamos que municipios y empresas adopten estrategias integrales: estaciones de compostaje comunitarias, tarifas que incentiven la separación, mercados de reutilización y educación ambiental permanente.

Las lecciones están claras: no basta con reciclar un poco; hay que transformar nuestra relación con los residuos. Debemos aprender de ciudades como Capannori y apoyar proyectos innovadores como el de Enthos en nuestro país. Solo así podremos convertir los desperdicios en fertilidad agrícola; alimentos para industrias como la porcicultura, la acuicultura y la de mascotas; recuperar la economía local y recomponer nuestro compromiso con el planeta.

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