En columnas anteriores he citado acreditadas fuentes que reiteran los graves riesgos para la salud asociados a la degradación ambiental. Según Deep Science Ventures “En el mundo se encuentran en el cuerpo humano más de 3.600 sustancias químicas sintéticas procedentes de materiales en contacto con alimentos”. Sobre la contaminación del aire, la Organización Mundial de la Salud (octubre 16/2024) señala que ocasiona cerca de “6,7 millones de muertes prematuras cada año” generadas por “accidentes cerebrovasculares, cardiopatía isquémica, enfermedad pulmonar obstructiva crónica y cáncer de pulmón” y otras.
También han señalado que altos niveles de contaminación atmosférica pueden ocasionar “un mayor riesgo de demencia, así como tasas altas de depresión, ansiedad y psicosis”. Es decir, que la contaminación no solo afecta negativamente la salud física sino también la salud mental. En este contexto, diferentes publicaciones señalan que la degradación ambiental también incide sobre el aumento de las violencias en el mundo. Se aclara que no es la única causa, pero se suma a otros factores como la pobreza, las desigualdades sociales, los conflictos bélicos y la crisis climática (Naciones Unidas).
Sobre la violencia de género la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) señala: “En el mundo, la degradación ambiental y la creciente competencia por recursos escasos están exacerbando la violencia de género. Los gobiernos y las organizaciones ambientalistas necesitan comprender mejor los vínculos entre la violencia de género y el medio ambiente, promover mayores protecciones legales y tomar en cuenta los riesgos específicos de género en sus políticas e intervenciones”.

El informe Mundial sobre la Trata de Personas (2024) revela “un aumento del 25% de la trata de personas entre 2022 y 2019, ya que más niños son explotados y los casos de trabajo forzoso aumentan debido a las vulnerabilidades provocadas por la pobreza, los conflictos y la crisis climática. Los delincuentes trafican cada vez más con personas para obligarlas a realizar trabajos forzados, incluso para obligarlas a realizar estafas en línea (y otros delitos), mientras que las mujeres y las niñas se enfrentan al riesgo de explotación sexual y violencia de género”.
Science Direct señala: “Los mecanismos que vinculan la exposición prolongada a la contaminación atmosférica con consecuencias adversas para la salud se han evaluado a menudo en relación con enfermedades crónicas, problemas respiratorios y mortalidad.
Evidencias más recientes sugieren que estas exposiciones también tienen efectos a corto plazo en el mal desarrollo de habilidades cognitivas, en la expresión de comportamientos agresivos o antisociales asociados con actividades delictivas o violentas y en la ansiedad”.
El tema de las violencias es complejo por lo que su control implica el desarrollo de acciones policiales o militares que son importantes; pero además estrategias de prevención orientadas a controlar los factores citados.










