Solo la especie humana tiene una historia. Por eso es increíble que nuestros dirigentes invoquen a entes fantasmagóricos como autores de nuestra historia. Antes hablaban de la Divina Providencia, pero ahora prefieren invocar a la Violencia, las Fuerzas Productivas o la Potencia de la Vida. Puro espíritu mágico y beatería religiosa. Solo los hombres de carne y hueso, con nombre específico e iris del ojo único, hacen nuestra historia.
El 19 de abril de 1809 se recibió en Girón una real orden enviada por la Junta Central de España que contenía un relato sobre la manera como Napoleón había quitado a los reyes Borbones, padre e hijo, la Corona de España y las Indias. Las gacetas inglesas completaron las novedades: España había pasado, sin remedio alguno, al dominio francés.
El 9 de junio siguiente, el más ilustrado de los gironeses, el presbítero Juan Eloy Valenzuela Mantilla, a la sazón cura de Bucaramanga, escribió una carta a uno de los más ilustrados hombres de Cartagena, José Fernández Madrid. La pregunta que le formuló era clara y sencilla: una vez perdida España: ¿de quién seremos? Después de revisar todas las opciones políticas posibles, concluyó: ¡debemos ser nuestros! Había que atreverse a formar un nuevo Estado. Era fácil dibujar con un lápiz el territorio que administraría: una línea que uniera a la Guajira con Panamá, descendiera por la costa Pacífica hasta Tumaco, girara a la derecha para separar a la provincia de Quito, sin perder la provincia de Popayán, luego subir hacia el norte por el rio Orinoco y voltear hacia la Villa del Rosario, cerrando la figura de nuevo en la Guajira. Sería menos que el territorio del Virreinato de Santafé, pero suficiente para gobernarlo y consagrarse al trabajo, a la igualdad legal y a la libertad.
Este único ejemplo prueba que un cura ilustrado de la parroquia de San Laureano de Bucaramanga hizo nuestra historia, porque anticipó lo que había que hacer, inteligentemente, en una situación inédita que experimentó la monarquía hispana. Lo bueno fue que sus feligreses le hicieron caso, y aquí estamos: en una república independiente, que no necesita entes fantasmagóricos.












