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Jueves 25 de septiembre de 2025 - 01:00 AM

La peor crisis de su historia

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Cuando celebra su 80º Asamblea General, la ONU enfrenta la mayor crisis de su historia. Mayor que durante la Guerra Fría o el genocidio en Ruanda que en 1994 mató a unas 800.000 personas en su mayoría de la etnia tutsi.

De esto no deja duda el discurso de Trump el pasado martes, en el que hizo campaña para el Nobel de Paz, alardeando de haber puesto fin a 7 guerras; al tiempo que cargó contra la ONU con toda su agresiva verborrea.

Sin duda, varias críticas a este organismo son válidas y pueden explicar parte de su crisis. Por ejemplo, es urgente revisar su Carta constitutiva en temas como su estructura y propósitos para, por ejemplo, reducir agencias con funciones duplicadas y combatir privilegios. Lo mismo que para ampliar los miembros permanentes de su Consejo de Seguridad; incluyendo a países como India, Brasil o Sudáfrica, pues la actual realidad geopolítica ha cambiado frente a la de 1945 año de su creación.

Adicionalmente, su presupuesto es reducido, inferior al de la policía de Nueva York, en un contexto en que desde 2019 solo 53 de sus 193 Estados miembros pagaron dentro del plazo, sus contribuciones anuales. Al tiempo que el gobierno Trump no solo suspende aportes sino

bloquea avances en áreas que califica como “woke”: género, cambio climático y desarrollo sostenible. Y si bien, Trump el martes pasado, matizó las burlas y el ninguneo a la ONU hablando de su “potencial”; su estrategia no parece ser trabajar para hacerla “great again“, sino debilitarla manteniendo eso sí, su poder de veto en el Consejo de Seguridad protegiendo aliados como Israel.

Las consecuencias de esta crisis apuntan a un debilitamiento del multilateralismo, al aumento de las tensiones geopolíticas y al agravamiento de las múltiples crisis humanitarias que afectan a millones de personas desde Sudán hasta Palestina, debido a los cortes en recursos para programas de refugiados, medicamentos y seguridad alimentaria.

Acusar a la ONU de no hacer nada frente a los problemas internacionales y cuestionar su existencia como lo hace Trump y la extrema derecha global, al tiempo que le da la espalda en términos económicos y políticos, es una falacia, que además desconoce que para que la principal organización intergubernamental pueda ser eficaz y no corra la misma suerte de su antecesora La Liga de las Naciones, depende del respaldo de los Estados miembros empezando por Estados Unidos.

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