Al momento de escribir esta columna, el gobernador de Santander confirmó que habrá elecciones
atípicas en Bucaramanga el 14 de diciembre de 2025. Lo único cierto es que la ciudad vive una incertidumbre institucional que se ha vuelto insoportable. El Consejo de Estado anuló la elección de Jaime Andrés Beltrán y, desde entonces, Bucaramanga anda sin rumbo fijo con un alcalde encargado al frente y un gobernador que dijo, sin sonrojarse, que “los tiempos no dan” para convocar elecciones atípicas.
Realmente, lo que no daba no eran los tiempos, sino las ganas. O bueno, ganas sí hubo, porque ya está en marcha todo el proceso electoral. Pero ojo, hoy lo que está en juego no es solo la fecha, sino qué se va a montar sobre ese calendario, qué incidencia tendrá la política tradicional y, sobre todo, cómo se mueven las fichas del poder.

En este espacio he reconocido gestiones y resultados valiosos del gobernador. No obstante, aquí ya no hablamos de resultados, sino de límites. Y esos límites del poder existen, aunque a veces se les olviden —incluso— a quienes deberían conocerlos y respetarlos. Ya se advertía cuando hablábamos del aplazamiento: los “tiempos que no dan” eran, o al menos podían ser, una excusa para extender un interinato con ventajas políticas. Hoy, al formalizar la fecha, esa excusa desaparece, pero su sombra sigue ahí. Ya no se trata de si habrá o no elecciones, sino de cómo se definirán las condiciones e hilos del poder.
El gobernador, que tuvo reticencias en el pasado, debe demostrar ahora que su acción va más allá del cálculo. Que garantice el poder ciudadano y no solo la estrategia de poder. Y, sobre todo, que el proceso en el otro municipio del área metropolitana no se convierta en un reflejo de las mismas maniobras.
Por ello, ojo también con Girón. Aunque los tiempos impidan celebrar elecciones de manera conjunta con Bucaramanga, la lógica de imponer agendas locales no puede replicarse allá. El área metropolitana merece autonomía, respeto y una gestión responsable de la política.

Insisto, reconocer la fecha no es suficiente. Ahora empieza lo difícil. Que los actores políticos no acepten que todo lo demás quede al arbitrio de intereses particulares. Que podamos debatir con reglas claras, con control social y con seguimiento ciudadano.
El 14 de diciembre habrá elecciones. Bien. Pero el verdadero examen del gobernador no será ese día, sino después. Ya veremos si, cuando ya no pueda mover las fichas, quería elecciones y no solo tiempo.










