En 1868, el descubrimiento de las pinturas rupestres de la cueva de Altamira, situada en el municipio español de Santillana del Mar, causó una gran sensación en Europa, dada su antigüedad milenaria. En 1985 fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Pero los cantábricos de nuestros días no saben lo que fue descubierto en las serranías de Chiribiquete y de La Lindosa. En medio de la Amazonía colombiana, en más de 36 abrigos rocosos, el arqueólogo Carlos Castaño Uribe descubrió e identificó más de 100.000 dibujos en 68 grandes murales, con una antigüedad de 19.500 años, en Chiribiquete. Por su lado, el arqueólogo Virgilio Becerra vigila los más de 35.000 dibujos rupestres de La Lindosa, en el departamento del Guaviare. Así que los colombianos tenemos en nuestro patrimonio unas 135.000 pinturas rupestres, a las que hay que añadir los 400 petroglifos que aparecen en las 52 piedras de la finca Piedralinda, en el Guaviare, y los que aparecen en las piedras de la represa de Topocoro y de otros sitios.
La consecuencia de estos hallazgos es que los muiscas y los guanes son noticias periodísticas recientes, si se comparan con el yacimiento arqueológico humano más antiguo encontrado por Becerra en Duitama, con una antigüedad que supera los 15.000 años.
Estamos asentados encima de un archivo muy antiguo de los hombres sapiens y no lo sabíamos. Por muchos años solo fue objeto del oficio de los guaqueros, pero ya la legislación nacional proporcionó un manto protector. Los arqueólogos que pueden hacer hablar ese patrimonio se cuentan con los dedos de las manos, frente a la dimensión que tiene nuestro patrimonio.
El presbítero Isaías Ardila Díaz recolectó hace décadas las pinturas rupestres de la vereda Butaregua, en el distrito parroquial de Guane, abriendo el camino de una investigación que no ha sido sistemática, ni continuada, por muchas razones. Estamos, como se dice, en los pañales del saber sobre el inmenso patrimonio de pinturas rupestres que tiene nuestro país. Pero lo que ya no podemos seguir ignorando es la riqueza pictórica rupestre que integra el patrimonio cultural de nuestra nación.











