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Columnistas
Domingo 02 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

No más populismo

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Un país con tantas necesidades insatisfechas no se merece el abuso de los candidatos que, con promesas populistas, se hacen elegir para después no dar los resultados. Es irrelevante la orientación política del candidato. Lo que importa es la seriedad, la coherencia y la capacidad de cumplir. Las propuestas deben ser claras, medibles y posibles. No podemos seguir cayendo en la trampa del discurso fácil, ese que promete soluciones inmediatas a problemas estructurales que requieren trabajo, conocimiento y liderazgo.

El populismo es el atajo de los mediocres. Es la fórmula perfecta para conquistar emociones y traicionar expectativas. En campaña se ofrecen mundos posibles; en el gobierno, se reparten excusas. Las consecuencias las pagamos todos: necesidades insatisfechas, despilfarro de los recursos públicos y una ciudadanía cada vez más desconfiada.

Hay temas que no admiten improvisación. La seguridad, por ejemplo, no puede seguir siendo un eslogan vacío. Es la condición indispensable para que la sociedad funcione, para que la inversión llegue, para que los niños vayan tranquilos al colegio y los empresarios puedan abrir sus negocios sin miedo. Necesitamos propuestas concretas, no discursos emocionales ni mucho menos apuestas inviables como la famosa “paz total”.

La vivienda es otro de esos temas donde el populismo ha hecho daño. No se trata de prometer casas gratis, sino de promover la vivienda formal, garantizando los recursos para los cierres financieros de las familias más necesitadas. La vivienda es una necesidad fundamental, pero también un motor de desarrollo económico que exige planeación y sostenibilidad.

Los servicios públicos, especialmente el agua potable y el saneamiento básico, son el pilar de la salud y el bienestar. Ningún país puede hablar de progreso cuando millones de ciudadanos aún no cuentan con agua apta para el consumo humano cumpliendo con los estándares de calidad y continuidad. Y en la educación, la promesa debe ser garantizar el acceso. Necesitamos que los apoyos del Estado lleguen realmente a quienes los necesitan, sin clientelismo ni sesgos políticos.

Colombia no necesita más discursos, necesita resultados. Más trabajo y menos propaganda. Más técnica y menos ideología. Gobernantes que se preocupen por resolver los problemas del país, no por ganar aplausos. Los votos deben ser la consecuencia de planes de gobierno sólidos, no de estrategias de marketing político diseñadas para aprovecharse de la esperanza de la gente.

En las atípicas, y también en las elecciones presidenciales que vendrán, recordemos tres cosas: la idoneidad del candidato, la pertinencia de sus propuestas y su capacidad de hacerlas realidad. Recordemos que estamos eligiendo personas expertas en gobernar, no solo en hacer campaña.

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