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Martes 18 de noviembre de 2025 - 01:00 AM

Carlos Cortés Caballero

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Si, es algo que sabemos y, además, los hechos nos lo traen a la memoria frecuente y nítidamente: la muerte es parte de la vida y es inevitable. Pese a ello, la noticia de que alguien a quien desde antaño conocemos y le tenemos aprecio toma camino del más allá, nos afecta emocionalmente.

Esta vez las campanas han doblado por un hombre de muchas virtudes ciudadanas, profesionales y humanas, por alguien cuyo comportamiento y actitud social -al pasar el tiempo- se fue volviendo punto de referencia por su vida sobria, la forma y pulcritud con que ejerció su profesión de médico, la generosidad intelectual con que durante décadas desempeñó la docencia universitaria, su transparente vida familiar, su amor por la cultura y las letras, sumatoria de actitudes y procederes que hicieron de él un ciudadano ejemplar, un hombre a carta cabal, un ejemplo de lo que debe ser quien viva en comunidad. Carlos Cortés Caballero hizo las cosas bien, sintió gusto por las actividades altruistas, supo oír a sus interlocutores, sentía sensata atracción por la literatura y demás manifestaciones culturales.

Vivió con sobriedad y seriedad, ejerció su profesión correctamente, como docente fue guía certero de numerosas generaciones de médicos que en las aulas de nuestras universidades se han formado a lo largo del último medio siglo y supo con tino juzgar en equidad el proceder de sus colegas al fungir como árbitro de sus actuaciones profesionales en el tribunal de ética médica.

Perteneció a esa generación que se formó en las universidades colombianas a mediados del siglo XX, en un país que luchaba por encontrar un mañana menos azaroso, pero que enfrentó diversos y numerosos hechos sociales y políticos agrios, difíciles de eludir. Mas él siempre supo donde quedaba el norte y hacia él caminó serenamente.

De su autoría quedan varios libros tersamente redactados, que son material de consulta y referencia sobre personajes y sucesos de la región santandereana en el siglo XX y artículos en revistas científicas que son un aporte importante para el avance y divulgación de la medicina.

Carlos Cortés Caballero forma ya parte de la historia de la medicina santandereana por las contribuciones que hizo al ejercer su profesión y por su labor como maestro y guía de los nuevos médicos de nuestra región. Ojalá la memoria colectiva de las nuevas gentes retenga el ejemplo de vida de Carlos Cortes, pues es un faro que orienta el cómo deben vivir aquellos que lleguen a estos riscos a formar parte de su paisaje humano cuando ya nosotros, los que lo conocimos, seamos parte del olvido en que todos nos sumiremos.

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