Pocas sorpresas trae la actualización de la Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU anunciada hace unos días. Este documento de 33 páginas, formaliza un conjunto de dinámicas en pleno desarrollo.
En primer lugar, queda claro que los días en que Estados Unidos sostenía sobre sus espaldas el orden mundial, aunque fuera para su propio beneficio, han terminado. Esto dado que ya no quiere, porque materialmente no puede, sostener la gobernanza que construyó desde 1945.
Por otro lado, este documento sobre las prioridades internacionales del gobierno Trump 2.0 pone en duda la fortaleza de Europa en cuanto aliado económico y militar; mientras advierte el fin de su civilización en los próximos veinte años a menos que tenga lugar allí un cambio de régimen en favor de los partidos de extrema derecha. Así mismo, la acusa de tener una postura poco realista en la guerra en Ucrania
Si bien en África la prioridad es el resurgimiento del Estado Islámico; en el Indo-Pacífico una de las principales arenas de la disputa geopolítica global, se enfatiza la importancia de una red de alianzas- como el QUAD- para contener a China.
Sobre América Latina, es evidente el rencauche de la Doctrina Monroe. El proteccionismo exacerbado y la incapacidad de ofrecer alternativas comparables a la Nueva Ruta de la Seda, son el telón de fondo a partir del cual, la Casa Blanca define nuestro continente como su espacio vital objeto de un dominio exclusivo mediante su abrumador poder militar.
Una dominación basada en la coerción que se concreta en la presencia reforzada de la Guardia Costera y la Armada para controlar rutas marítimas, recursos naturales críticos e instalaciones estratégicas; al tiempo que perseguir la migración y los tráficos ilícitos.
Este es el agresivo marco de prioridades en el que desconociendo la soberanía de la región y con el pretexto de garantizar su seguridad y prosperidad, Estados Unidos militariza el Caribe; amenaza a Venezuela; exige recuperar el canal de Panamá y la base de Manta; mientras refuerza su presencia en el estrecho de Magallanes y el Atlántico Sur. Al tiempo que interfiere en los procesos electorales desde Argentina hasta Honduras para asegurarse el control de los gobiernos de nuestros países.
A propósito de Honduras ¿Será que ante la descarada intromisión de Trump en favor del payasesco Nasry Asfura “Papi a la Orden”; la Unión Europea apoyaría que se repitan las elecciones como lo hizo hace un año en Rumania con el argumento de la interferencia rusa?













