Nadie imaginó que el aumento del salario mínimo fuera de ese calibre, lo cual ha obligado a las empresas a replantear su presupuesto para este año, pues nadie esperaba el desbordado incremento que planteó el presidente y cuyos efectos vamos a observar en el transcurso del año.
Por ahora la primera decisión que han tomado muchas empresas es suspender la contratación hasta tener algo más de claridad al respecto y empezar el análisis de la plantilla para ver cómo se pueden hacer los ajustes necesarios a fin de no aumentar tan drásticamente los costos de producción y no tener que hacer incrementos en el producto que al final se van a trasladar al consumidor.
Es importante tener en cuenta que este año habrán dos incrementos salariales adicionales: el 1 de julio el costo laboral del trabajo en descanso semanal obligatorio será el 90% del valor de un salario básico mínimo legal diario, es decir, se incrementará en un 10% e igualmente, el 25 de julio la jornada máxima de trabajo pasará a ser de 42 horas, es decir, 2 horas menos de trabajo, debiéndose pagar la misma cantidad de salario, lo cual hará que se incremente el valor de la hora y desde luego todos los adicionales establecidos por ley, pues pasará de $7.959 a $8.338, con un impacto en el valor de las horas extras y en los recargos nocturnos.
Esto es imprescindible tenerlo en consideración; por ejemplo, en los costos de la cuota de administración de las propiedades horizontales en donde el incremento de la misma deberá estar cercano a un 30%, lo cual llevará a los copropietarios a poner el grito en el cielo sabiendo que si no lo aprueban su presupuesto se desfasará y luego deberán acudir a otro recurso que implica la imposición de cuotas extraordinarias, lo cual hará que salga lo roto por lo descocido.
Otra manera que existe para nivelar presupuestos es la optimización del nivel de productividad, que al final va a significar la disminución de los puestos de trabajo que será otro recurso socorrido en aquellas empresas sin mucha capacidad económica, lo cual siempre irá en desmedro de la clase trabajadora, pero que de acuerdo con las cifras oficiales no significará una pérdida de puestos de trabajo pues este trabajador despedido pasará a la informalidad, que nuestro gobierno continúa clasificándolo como un trabajador equiparable a aquél que tiene contrato de trabajo, es decir, quienes se dedican a la informalidad y al rebusque, para el gobierno estadísticamente ocupan un puesto de trabajo y por eso se ufana de haber disminuido la cifra de desempleo.
¿Calculó todo esto señor presidente?












