La intervención en Venezuela, la visita del presidente Petro a la Casa Blanca y la persecución a los narcos en México son episodios que guardan relación directa con el papel dominante de Estados Unidos en el continente y en el mundo. En ese contexto y a punto de renovar el Congreso de la República, cabe preguntarse: ¿qué tan independiente es nuestro país?
Para responder vale recordar al expresidente de Ghana Kwame Nkrumah y su obra “Neocolonialismo, última etapa del imperialismo” en la que señala: “La esencia del neocolonialismo es que el Estado que la padece es, en teoría, independiente y tiene todos los adornos externos de la soberanía internacional. En realidad, su sistema económico y, con ello, su política son dirigidos desde fuera”. Esto, sin renunciar al uso de la fuerza cuando lo consideran necesario como en Venezuela.
Teniendo en cuenta lo anterior, Colombia es independiente en la forma y subordinada en el fondo, pues aunque se realizan elecciones, el país se “dirige desde afuera” mediante instrumentos como la deuda pública, los TLC y las recomendaciones de organismos internacionales. Esto ocurre con la anuencia de los gobiernos nacionales, incluido el actual.
El enorme incremento de la deuda pública es prueba de lo anterior. En los últimos 20 años ha aumentado un 893 %, casi 9 veces, mientras que el salario mínimo ha crecido un 249 %, 2.5 veces. Durante el gobierno de Petro esa deuda pasó de $805 billones a $1.200 billones, saltando de $16 a $24 millones por habitante.
El TLC es otro ejemplo de neocolonialismo. Gran negocio para EE.UU., pero pésimo para Colombia, solo en 2025 se registraron 2.000 millones de dólares de déficit en la balanza comercial. Las reformas tributarias y el aumento del 46 % en el precio de la gasolina también son mecanismos de control de la economía, necesarios para cubrir la deuda y los déficits comerciales y de capitales.
Ante la llegada del neoliberalismo Francisco Mosquera avizoró que el país tendría que: “Entrelazar las querellas de gremios productivos, de los sindicatos obreros, de las masas campesinas, de las comunidades indígenas, de las agrupaciones de intelectuales, estudiantes y artistas, sin excluir al clero consecuente ni a los estamentos patrióticos de las Fuerzas Armadas, de manera que, gracias a la unión, los pleitos desarticulados converjan en un gran pleito nacional”. Ese gran pleito nacional no es otro que defender la soberanía.
El próximo domingo pediré el tarjetón rosado de la circunscripción especial indígena y votaré al Senado por “Chucho” Guevara, destacado dirigente cafetero, el #202 del Movimiento Agrario e Indígena por la Soberanía, la única lista del país que tiene como prioridad la defensa de la soberanía, indispensable para iniciar la urgente reconstrucción de la patria.












