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Viernes 10 de abril de 2026 - 01:00 AM

¿Intervención en política?

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Jaime Andrés Beltrán Martínez volvió a estar en el centro de la polémica, esta vez por asistir a algunos de los actos públicos que la administración municipal de Bucaramanga organizó en el marco de las actividades de Semana Santa.

Por poco lo crucifican, y con él, de paso, al alcalde y a algunos de los funcionarios de la administración municipal. Los señalan de participar indebidamente en política y piden que la Procuraduría General de la Nación los investigue y, mientras lo hace, los suspenda provisionalmente del ejercicio de las funciones de sus cargos.

La razón es sencilla: Beltrán Martínez es el director de regiones de la campaña presidencial de Abelardo de la Espriella y en esa condición, dicen, no debería estar presente en un acto financiado con recursos públicos.

Constitucionalmente, los servidores públicos no pueden intervenir en política, pero la prohibición no es tan general como usualmente se cree. En principio solo aplica a quienes se desempeñen en la Rama Judicial y en los órganos electorales, de control y de seguridad; los demás empleados del Estado pueden hacerlo en las condiciones que señale la ley.

El punto es que la ley que debe regularla no se ha expedido, y mientras eso no suceda, ningún empleado público puede, en la práctica, intervenir en política. Es un asunto pacífico para la Corte Constitucional y el Consejo de Estado.

Del texto constitucional, y de las normas que lo desarrollan, es claro que lo que debe prohibirse no es la participación en actividades y controversias políticas, sino que el empleo público se use como medio para favorecer electoralmente a un candidato, partido o movimiento político.

En lo público, las apariencias importan. “La mujer del César no solo debe serlo, sino también parecerlo”; más allá del origen de la expresión, su contenido explica de la mejor manera lo que pudo ser y no fue: la falta de tacto del exalcalde, quien bien pudo asistir al evento y no subirse a la tarima; y la falta de autoridad del alcalde para hacerle ver a su exjefe el riesgo que implicaba hacerlo.

Cualquiera sea la razón que los llevó a hacer lo que hicieron, lo cierto es que les dieron suficiente munición a sus detractores. En esta comarca donde no se le niega una queja o denuncia a nadie, las consecuencias no se hicieron esperar. El lunes de Pascua madrugaron a radicarlas ante las autoridades competentes.

Con seguridad eso no terminará en nada. Más allá de la presencia del exalcalde, en este caso es difícil sostener que se configuró un caso de indebida participación en política. Jaime Andrés Beltrán Martínez y Cristian Portilla Pérez dieron papaya. Y papaya servida… Les faltó prudencia.

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