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Jueves 16 de abril de 2026 - 01:00 AM

Fin del idilio

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El apoyo de Estados Unidos a Israel y su caótico manejo de la guerra con Irán están pasando factura en relación con aliados como Japón, Corea del Sur, Canadá, Australia y Europa occidental. En el caso europeo, hay un hecho que llama particularmente la atención: Italia. Los ataques de Donald Trump al papa León XIV parecen haber sido el detonante para que Giorgia Meloni marcara distancia frente a Washington.

El giro político de la primera ministra italiana —a quien Trump calificó hace apenas un año como una “líder fantástica”, cuando la veía como su principal aliada en Europa y un puente entre Bruselas y la Casa Blanca en medio de la tormenta arancelaria— ha quedado claro esta semana e involucra a Israel.

No se trata simplemente de críticas a la violencia desatada por Tel Aviv en el Líbano o a su actuación desproporcionada en Gaza tras los atentados terroristas de Hamás en octubre de 2023. De manera sorpresiva, Roma ha decidido suspender el acuerdo de defensa con Israel firmado por Silvio Berlusconi hace más de veinte años, que permitía intercambios y cooperación tecnológica.

Así, el fin del idilio de la líder italiana con Trump también resquebraja el respaldo europeo al gobierno de Benjamín Netanyahu, como consecuencia de los crímenes de guerra y las violaciones al derecho internacional que se le atribuyen en Gaza, Cisjordania y el Líbano, sin mencionar Irán. La semana pasada, Meloni exigió explicaciones a Israel por el ataque de su ejército contra un convoy italiano de la misión de paz de Naciones Unidas en Líbano.

Vale recordar que, hace un año, el Reino Unido paralizó un acuerdo comercial que negociaba con Israel como respuesta a la intensificación de la violencia en la Franja de Gaza y al aumento de los ataques de colonos en Cisjordania.

Más recientemente, se suman las críticas de España a los ataques masivos de Israel en el Líbano y a su desconocimiento del alto al fuego con Irán. Netanyahu respondió advirtiendo que “no tolerará una guerra diplomática” y prometiendo “consecuencias inmediatas”.

En paralelo, la decisión de Madrid de reabrir su embajada en Irán —cerrada desde marzo tras los bombardeos— para apoyar los esfuerzos diplomáticos fue calificada por Israel como una “eterna desgracia”.

Ojalá el debilitamiento relativo del poder estadounidense —principal apoyo de Israel— y el creciente aislamiento internacional derivado de las acciones del gobierno de Netanyahu hagan que, más temprano que tarde, enfrente un destino similar al del régimen del apartheid en Sudáfrica. Ninguna desgracia puede ser eterna.

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