Este domingo los colombianos elegiremos al presidente número 43 desde que, en 1886, se adoptó oficialmente el nombre de República de Colombia.
Los franceses, que inventaron el sistema de segunda vuelta, solían decir que en la primera se vota por quien se quiere y en la segunda por quien se rechaza. Sin embargo, para los santandereanos la pregunta más importante no es quién me gusta, sino quién está dispuesto a jugársela por Santander.
Los santandereanos tenemos razones suficientes para hacernos esa pregunta.
Durante años hemos escuchado promesas que nunca llegaron. El actual Gobierno anunció la doble calzada Bucaramanga-Bogotá, la recuperación de la navegabilidad del río Magdalena para convertir a Barrancabermeja en un nodo logístico del país, la planta de tratamiento de aguas residuales para Bucaramanga y Girón, el acueducto de Barichara, la recuperación del transporte masivo y múltiples inversiones para la región.
Todas esas obras se quedaron únicamente en anuncios, evidenciando que Santander no ha estado entre las prioridades del Gobierno Nacional. Incluso, el propio presidente afirmó en Bucaramanga hace unos meses que esta sociedad “se volvió de derechas”, una frase que ayuda a explicar el distanciamiento con nuestra región.
Por eso, el compromiso con una redistribución de los recursos públicos hacia las regiones, libre de sesgos políticos, debe ser un criterio al momento de votar. Del total de los impuestos que se recaudan en Colombia, cerca del 83 % se queda en el Gobierno Nacional, mientras apenas el 4 % llega a los departamentos y el 13 % a los municipios. Los recursos se concentran en Bogotá, mientras que a las regiones solo se les descentralizan los problemas.
Otro criterio para elegir, además de la inversión en las regiones, debe ser el compromiso con la recuperación de la seguridad y el respaldo a nuestros policías y militares, para que el sometimiento de los delincuentes a la justicia vuelva a ser un propósito del Estado. Sin seguridad no hay inversión, no hay desarrollo y tampoco hay paz.
También debemos preguntarnos qué piensa el próximo presidente sobre la exploración y la explotación de hidrocarburos, incluidos los yacimientos no convencionales (fracking). Además de fortalecer la soberanía energética, estos proyectos podrían generar empleo, inversión y recursos para atender las necesidades sociales y fiscales que nos deja el saliente Gobierno.
Algunas estimaciones señalan que, solo en los no convencionales, Colombia podría tener 50.000 millones de barriles de petróleo que podrían traducirse en cientos de miles de millones de dólares en regalías, inversión y recursos para las regiones.
Por eso, los colombianos y especialmente los santandereanos deberíamos preguntarnos, al momento de votar, quién está dispuesto a cumplirles a las regiones. Este domingo es por quien esté firme con Santander.










