Los colombianos eligieron al abogado Abelardo de la Espriella como su presidente número 43; un outsider más agresivo que Rodolfo Hernández, ampliamente defensor de un nacionalismo emergente que sembró hace unos 10 años en occidente, el actual presidente de los Estados Unidos y que fue ganando espacios reales en El Salvador y Argentina. El nuevo orden, implica El regreso al palacio presidencial de las ideas conservadoras; que en su discurso presentó oficialmente el presidente electo: la familia, la vida, el orden, el respeto a la Constitución y la ley, la autoridad, la propiedad privada y la fe cristiana.
Cada voto por el candidato, representa la voz de esa Colombia que desde sus convicciones reclamaba sin ambages, una segunda oportunidad. Ese retorno, significa un protagonismo evidente en el Congreso, de los senadores y representantes a la cámara de filiación conservadora que harán equipo ideológico con el nuevo presidente de la república. La agenda, habrá de ubicarnos en discusiones de los nuevos temas de conversación ciudadana, desde luego, pero, con un tema inaplazable en la institucionalización del Ministerio de la familia. Ese proyecto de ley, marcará el reconocimiento de una intención clara en pro de una sociedad civilizada, que renuncia al “desmadre”, de su esencia: la familia.
El Congreso de la República, será el gran protagonista en esta realidad que se nos viene, que avasalla sin permiso. Los congresistas están llamados a la reflexión académica, en la lectura social que permita un cambio de rumbo o mejor, el regreso inteligente de unos imponderables que el gobierno de Gustavo Petro condenó al silencio, y que el candidato Cepeda pretendía consolidar.
Las ideas conservadoras en palacio; no solo vienen con la familia; también regresa a la oración, la Iglesia, el Sagrado Corazón de Jesús y una inmensa comunidad de ciudadanos pro-vida que harán su tarea día y noche, con la tranquilidad que el nuevo presidente habla el mismo idioma.
Estimado lector; nos correspondió ser testigos históricos de esta transición, el camino es ser protagonista de la misma; de la única manera posible; cero violencia entre cercanos, vecinos, conocidos y familia. El reconocimiento de unos resultados electorales es el camino, es lo que espera el país, lo que necesita la nación. Será normal encontrarnos en una calle cualquiera perdedores y ganadores, con enormes diferencias ideológicas, claro, pero de igual manera con la convicción férrea que es mejor un abrazo que un empujón.
En Santander, los dos congresistas conservadores están listos para asumir con responsabilidad este nuevo orden presidencial. Una realidad que va a permitir, que los grandes proyectos presentados por el gobernador de Santander y engavetados irracionalmente por el presidente Gustavo Petro, ahora sean una merecida obra pública











