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Columnistas
Domingo 05 de julio de 2026 - 01:00 AM

El gol de la esperanza

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Pasaron las elecciones. Atrás quedaron los discursos, las campañas, las encuestas y la incertidumbre sobre quién ganaría. Poco a poco, el país volvió a la normalidad. La inmensa mayoría de los colombianos retomó su rutina y siguió haciendo lo que siempre ha hecho: levantarse temprano, trabajar, luchar por salir adelante y sacar adelante a su familia, independientemente de quién hubiera llegado a la Presidencia. Para muchos, la política cambia poco su realidad cotidiana porque nunca han esperado que nadie les resuelva la vida. Han aprendido que el futuro se construye con esfuerzo, no con discursos.

Pero hay algo que sí consigue detener al país. Cuando juega la Selección Colombia, millones de personas hacen una pausa. Se olvidan por un momento de las preocupaciones, del trabajo, de las cuentas por pagar y hasta de las diferencias que tantas veces nos dividen.

Durante noventa minutos dejamos de preguntarnos por quién votó el de al lado. Da igual si alguien es de izquierda, de derecha o de centro. Da igual el color de la piel, el apellido, la región donde nació o el barrio donde vive. Frente a un televisor todos somos exactamente lo mismo: colombianos.

Todos sufrimos cuando el rival ataca. Todos contenemos la respiración cuando el balón se acerca al arco. Todos nos levantamos del asiento cuando llega el gol. Todos abrazamos, muchas veces sin conocer siquiera a la persona que tenemos al lado.

El triunfo frente a Ghana volvió a regalarnos esa sensación. No solo nos dio una victoria deportiva. Nos recordó que este país todavía tiene la capacidad de emocionarse unido. Que todavía somos capaces de remar hacia el mismo lado cuando sentimos que la camiseta que está en juego es la de Colombia.

Ahí hay una lección enorme. Si podemos dejar a un lado nuestras diferencias para apoyar a la Tricolor, también podemos hacerlo para construir un mejor país.

No significa renunciar a nuestras ideas. Una democracia necesita voces distintas. Necesita debate, crítica y oposición. Pero también necesita ciudadanos capaces de reconocer que, por encima de cualquier diferencia, existe un propósito común: que a Colombia le vaya bien. Porque cuando al país le va bien, nos va bien a todos.

Amar a Colombia no puede ser únicamente cantar el himno con la mano en el corazón o celebrar un gol. Amar a Colombia también es respetar al otro; cumplir la ley; cuidar lo público; trabajar con honestidad; educar bien a nuestros hijos; tender la mano cuando alguien lo necesita y entender que cada pequeño acto construye el país en el que queremos vivir.

La Selección nos recuerda una verdad que sirve mucho más allá del fútbol: los grandes triunfos nunca son obra de una sola persona. Son el resultado de un equipo que entiende que el compañero importa tanto como uno mismo y que el objetivo colectivo siempre vale más que el lucimiento individual.

Ojalá esta ola de optimismo no termine cuando se apague el televisor. Ojalá el orgullo que hoy sentimos por la Tricolor se convierta también en orgullo por cumplir con nuestro deber, por tratar mejor al vecino, por respetar las diferencias, por confiar otra vez en que Colombia tiene un enorme futuro.

Porque este país ya demostró que sabe unirse. Lo hace cada vez que rueda un balón.

Ahora imaginemos todo lo que podríamos lograr si esa misma pasión, esa misma entrega y esa misma convicción las lleváramos también a la tarea de construir un mejor país.

Ese día no celebraremos solamente un campeonato. Ese día habremos descubierto que la mejor versión de Colombia siempre estuvo en nosotros.

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