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Columnistas
Domingo 05 de julio de 2026 - 01:00 AM

Unidos por Colombia

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El viernes pasado millones de colombianos hicimos exactamente lo mismo. Nos reunimos con la familia, con los amigos o con los compañeros de trabajo para ver jugar a la Selección Colombia. Durante noventa minutos no hubo cepedistas ni abelardistas. No hubo discusiones ideológicas ni debates interminables. Solo había colombianos con la misma camiseta, unidos por un propósito común.

Lo curioso es que eso no significa que pensáramos igual. Como ocurre siempre en el fútbol, todos nos convertimos en técnicos. Algunos creen que los partidos se ganan defendiendo bien. Otros prefieren atacar desde el primer minuto. Hay quienes consideran que Juan Fernando Quintero debería jugar todo el partido y quienes piensan que James Rodríguez aporta el equilibrio necesario desde el arranque. Unos harían más cambios; otros, menos. Todos tenemos opiniones distintas, pero compartimos un mismo objetivo. Queremos ganar. Al final, incluso quienes no vieron el partido o afirman que el fútbol no les interesa también se benefician del resultado.

Tal vez esa sea una de las mejores lecciones que puede dejarnos el fútbol. No necesitamos pensar igual para trabajar por el mismo resultado.

Eso es exactamente lo que hoy necesita Colombia. Nuestro mayor desafío no consiste en convertirnos en un país donde todos compartamos las mismas ideas. Consiste en construir una nación capaz de aprovechar las fortalezas de cada uno de sus ciudadanos. Un país donde las diferencias no sean un obstáculo para el desarrollo, sino una fuente de mejores decisiones. Un país en el que todos respetamos las reglas y tenemos bien definida nuestra cancha. El objetivo no puede ser hacer inviable al que piensa distinto, como si destruir al adversario fuera una estrategia para construir país. Colombia necesita una política con reglas de juego claras, con respeto por la democracia y que promueva aquellas decisiones que produzcan los mejores resultados.

Tenemos un país lleno de talento, recursos, empresarios, trabajadores y jóvenes con ganas de salir adelante. Sin embargo, seguimos desperdiciando buena parte de ese potencial en discusiones que terminan dividiéndonos más de lo que nos fortalecen. Ningún país alcanza el desarrollo intentando que todos sean iguales. Lo logra cuando crea las condiciones para que cada persona pueda aportar lo mejor de sí.

Las grandes selecciones no se construyen con once jugadores idénticos. Se construyen aprovechando las capacidades de cada uno y poniéndolas al servicio del equipo con disciplina, liderazgo, estrategia y un propósito compartido. Lo mismo ocurre con un país.

El viernes alentamos juntos durante noventa minutos. Ojalá, a partir del 7 de agosto, seamos capaces de trabajar juntos todos los días. El futuro dependerá de nuestra capacidad para jugar el mismo partido, respetar nuestras diferencias y construir una Colombia ganadora.

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