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Martes 07 de julio de 2026 - 01:00 AM

Ideas para la manada

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Una idea que ayer consideraríamos radical en extremo hoy la pudiésemos juzgar como aceptable. En toda sociedad hay un conjunto de ideas que cumplen con tal categoría. Joseph Overton acuñó el concepto de la “Ventana de Overton” para explicar cómo esas ideas impensables, inaceptables, extremas, pueden surgir como posibles al desplazar o ampliar la ventana de las ideas. Pero fue el periodista Andrew Marantz quien describe cómo tal cosa sucede a la luz de las nuevas tecnologías de comunicación. Para comenzar, se publica de forma deliberada un mensaje radical en extremo, algo que jamás debiera ser puesto en discusión, como, por ejemplo, el asesinato en masa de niños. Este mensaje provoca indignación, lo que le garantiza enorme difusión, pues los medios responden cubriéndolo, y es ahí cuando empieza la discusión pública, y lo que antes parecía impensable pasa, de manera imperceptible, a verse como controvertible. Con el tiempo, puede llegar a ser una idea aceptada por la sociedad… una idea legítima.

Marantz, periodista del New Yorker, afirma que las plataformas digitales, si bien pueden reflejar las opiniones expresadas en ellas, modifican el ecosistema de las ideas al premiar el contenido que genera mayor reacción emocional. Es decir, la información equilibrada sucumbe ante el escándalo, la polarización o la indignación, degradando el debate democrático, dado que el incentivo que mueve a las plataformas es lograr la mayor atención del usuario, lo cual se produce cuando el algoritmo favorece el contenido más provocador.

La historia está llena de ideas impensables que luego se volvieron aceptables. Algunas para el progreso de la humanidad, otras para reafirmar su deshumanización. La liberación de los esclavos fue impensable en la Europa del siglo XVI, tanto como la independencia de las colonias americanas en el siglo XIX. La violencia política, el culto al líder con la consigna de manada, la censura, el partido único, es decir, el fascismo, son ideas impensables cuyos promotores cuentan con el favor de las nuevas tecnologías de perfilamiento individual y de manipulación.

Antes, un cambio de ideas, un cambio cultural, tardaba décadas; hoy puede tardar semanas, gracias a que los algoritmos dan prioridad al conflicto, a la indignación, al humor ofensivo, a la provocación. Somos víctimas de incentivos diversos que aúpan a extremistas que aprendieron a usar las tecnologías obsesionadas con el crecimiento y luego reciben la amplificación de sus ideas por periodistas, unas veces de manera inocente, otras veces por sometimiento cognitivo, y también por usuarios que difunden contenidos sin verificar.

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