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Martes 07 de julio de 2026 - 01:00 AM

La contraescuela de Estanislao Zuleta

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El 25 de febrero de 1993 publicamos (en este periódico) la columna de opinión bajo el título “Leer para escribir”. Una sencilla invitación a la responsabilidad histórica y al respeto por el oficio. Eran los años personales de escribir poesía bajo la tutela de Borges, Neruda, Lorca y la infaltable narrativa de Vargas Llosa (el segundo intelectual de América del Sur, después de Borges). Esa afinidad con el aula de clase nos orientó al encuentro de reflexiones de una formalidad en la lectura y la autonomía literaria. En esa experiencia nos topamos con Estanislao Zuleta y su liberalismo de la contraescuela. Esa migración del aula tradicional al nuevo “performance” de la mesa del comedor.

Mi padre, desde luego, conoció desde temprano mis deliquios literarios; en verdad, los intuía, cuando la inmensa biblioteca familiar se fue llenando de mis autores amigos. Leía los lomos de esos libros y ya. Nunca supo quién era Borges, Neruda o Vargas Llosa, pero, después de la publicación de sus seis libros, pude descubrir que algo de la contraescuela lo había seducido. Contar su vida en seis libros era presentar en sociedad su propia visión de “vivir para escribir”. Escribir sin leer.

Hace dos años, mi sobrina Lucero del Pilar (médico UIS, dermatóloga de la Universidad Nacional) compartió sus futuras visitas al familiar mundo de la literatura, desde una experiencia académica en el máster de narrativa de la Escuela de Escritores, en Madrid, España. Mi único consejo: lea los seis libros de su abuelo.

Estimado lector: este viaje nos permite ubicarnos y reflexionar, bien como hacedores de escritura o lectores participativos, en el futuro de la literatura. Desde la tradicional consigna de leer para escribir y la conversación de qué libro tenemos en la mesa de noche, pasando por la contraescuela de Estanislao Zuleta y su renuncia al aula, o la inconsciente invitación de un abuelo a escribir desde la experiencia.

Hace unos pocos días, la nieta y la sobrina regresó a casa con una conversación que se enfrenta a los credos de su abuelo y a mi propio silencio. El diálogo de una nueva literatura ha encontrado un rigor casi inimaginable que puede, sin querer, ponernos a pensar en el pragmatismo desde una máxima: Estudiar para escribir.

En Bucaramanga es menester que esa comunidad de amigos de la literatura haga un alto en su producción y publicación. La idea es definir cuál tendencia representan.

“¿Cuándo ocurrirá que la clase sea tan deseable como el recreo?”. Estanislao Zuleta.

Nota: Señor Alcalde de Bucaramanga, señora Directora del Instituto Municipal de Cultura y Turismo: no olviden que el Teatro Peralta sigue en cuidados intensivos.

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