¿Cuántas veces nos hemos emocionado con un beso? Es una de las expresiones más claras de amor entre las personas, el clímax de las películas, lo que desata aplausos en las bodas.
Caminar tomados de la mano, bailar abrazados o darse un beso en el cine está tan naturalizado que jamás lo pensaríamos dos veces, a menos, claro, que seamos gays.
Lo que se celebra en las personas heterosexuales sigue siendo perseguido en las LGBT.

Una de las peores formas en las que la homofobia deshumaniza es haciéndonos creer que solo las personas heterosexuales nos enamoramos y que solo nosotros tenemos derecho a expresar nuestro amor.
Por eso, lo que sucedió el pasado 20 de julio en el Centro Comercial Andino, en Bogotá, muestra tanto lo mucho que nos falta como lo que hemos avanzado como sociedad.
Por un lado, dos jóvenes gays fueron amenazados con ser expulsados del Centro Comercial por darse un beso que, si se hubiera tratado de un hombre y una mujer, no habría levantado el más mínimo comentario de nadie, lo cual muestra el prejuicio que aún enfrentan las personas LGBT.
Pero el evento también muestra que, como sociedad, ya no estamos dispuestos a tolerar, no ese beso, sino la discriminación que pueda producir. Varias personas los defendieron y el Centro Comercial sacó un comunicado diciendo que allí caben todas las expresiones de afecto que se ajusten a “las normas de convivencia que aplican por igual para todos nuestros visitantes, sin distinción alguna”.
La clave es ese “sin distinción alguna”. Si lo que celebramos en una pareja heterosexual lo condenamos en una gay, el problema no es el beso, es el prejuicio.
Es decir, quienes deben ser amonestados no son los jóvenes que, como tantos otros, expresan su afecto, sino quienes los discriminan por ello.
Les invito a recordar que el amor no es un privilegio exclusivo de los heterosexuales.
El amor es una de las experiencias más hermosas y profundas que vivimos todos los seres humanos. Sigamos, entonces, construyendo una sociedad en la que todas las personas tengamos la posibilidad de vivirlo a plenitud.











