El mundo al que pertenecemos ya no existe… quizás fue la frase que pronunció Stefan Sweig para tomar la decisión que su esposa Lotte Altman compartió. Sweig, después de que sus libros fueran prohibidos e incinerados en Alemania, y perseguido por los nazis buscó asilo en Brasil, donde encontró hospitalidad y reconocimiento que no bastaron para mitigar el desarraigo y el agotamiento espiritual. Sendas sobredosis de barbitúricos les causa la muerte.
Karl Haushofer, general y geógrafo alemán hizo notar en 1913, desde la teoría geopolítica, que la alianza ruso china sería invencible e influyó intelectualmente en Rudolf Hess. Sus observaciones al régimen de Hitler fueron desoídas: aconsejó no atacar a Rusia y advirtió que Inglaterra preferiría entregar a los Estados Unidos su poder imperial antes que dejar que Alemania consolidara un poder hegemónico en Europa. Su hijo fue fusilado acusado de participar en un golpe contra el Führer. Haushoffer terminó en un campo de concentración acusado de vínculos con la resistencia. Liberado al terminar la guerra, Haushofer y su esposa Marta se encontraron con una Alemania derrotada, un hijo fusilado, una reputación destruida y su aporte intelectual asociado a una catástrofe de la historia. Habiendo perdido aquel mundo donde había construido su identidad, tomaron la decisión de ingerir arsénico que consumaron en su casa a orillas del lago Hartschimmelhof. Marta, ya envenenada, se colgó.
Muchas otras parejas han hecho el acuerdo de morir juntas: Paul Lafarge y Laura Marx, Horst Keitel y Herta Kravina, Heinrich von Kleist y Henriette Vogel, entre otros muchos ejemplos. En Colombia está documentado el caso de Leonardo y Susana.

Estos suicidios en pareja parecen ser más una afirmación última de pertenencia a sí mismos cuando lo demás ha desaparecido, cuando el mundo que les daba identidad ha muerto. También pueden obedecer a derrotas políticas como es el caso de Adolf Hitler y Eva Braun. Por supuesto que la dependencia emocional, el apego afín al amor, es causa mencionada en la leyenda, en la literatura y en la realidad; también la coherencia intelectual, como fue con la hija de Karl Marx y Lafarge; así mismo, con el escritor Arthur Koestler y su esposa Cynthia.
La guerra, propagandística, económica, sicológica o militar, crea los escenarios y las causas para que individuos, parejas y colectivos privilegien la destrucción de la vida. Los fanatismos religiosos también. ¿Recuerdan a Jim Jones, pastor evangélico estadounidense quien condujo al suicidio colectivo en Guyana a novecientas diecisiete personas, entre ella doscientos niños?
¡Evitemos los fanatismos! ¡Protejamos la vida!











