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Martes 01 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

…Y Vanguardia empezó a hablar en tinta

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Ese día empezaba el mes de septiembre de 1919. Menos de tres meses antes se había firmado el Tratado de Versalles que puso formalmente fin a la Primera Guerra Mundial. Bucaramanga era por esas calendas un asentamiento humano de cerca de 25.000 almas. Sus calles, empedradas, eran recorridas por transeúntes, bestias de carga, carruajes de tracción animal; sus casas y mediaguas eran de tapia pisada y bahareque. Era una pequeña comunidad que daba sus primeros pinos para reclamar un lugar destacado en la vida del siglo XX.

Ese día, temprano, se vendió por las calles bumanguesas la primera edición de un nuevo periódico, “La Vanguardia Liberal”, emprendimiento periodístico nacido de fusionar dos publicaciones que tenían y dirigían, cada cual por su lado, el joven abogado y político liberal Alejandro Galvis Galvis y su copartidario Rodolfo Azuero. Cien ejemplares impresos en la Tipografía Moderna de José María Phillips se ofrecieron a un precio de 2 o 3 centavos. Lo que nacía no tenía el músculo de una poderosa empresa editorial ni un gran capital; era un entusiasta emprendimiento y nadie pensó cuál era su estructura de costos operativos, su barrera financiera ni su sostenibilidad económica. Sus gestores anhelaban que fuera una tribuna del pensamiento liberal, ideario que había sido molido a palos tras perder la Guerra de los Mil Días, golpiza para la que uno de los bálsamos de fierabrás que había, milagroso, era el periodismo. Por eso se oyó, por primera vez, vocear en las calles “La Vanguardia Liberal”.

¿Cuánto duraría circulando el nuevo periódico? Nadie iba a predecir el futuro en una época en que aparecían y se esfumaban frecuentemente proyectos periodísticos armados en imprentas de tipos de plomo que se componían letra por letra, ensamblados en marcos llevados a una prensa manual de manivela que lograba el milagro de volver aquello un periódico.

De lo que sí había certeza es que el olor a tinta rimaba con el entusiasmo de sus creadores de que viera la luz para intervenir en la vida pública, defender un ideario, tener voz y ser oído.

Así, hace 107 años, Bucaramanga, Santander y Colombia vieron nacer a ese testigo impreso de su diario vivir que ha reseñado a sus dirigentes, controversias y esperanzas, que ha sido espejo y conciencia ciudadana y titánicamente ha soportado y superado crisis políticas, censuras, persecuciones, atentados, volteretas gubernamentales, transformaciones tecnológicas, económicas, históricas. Ello se debe, en gran medida, al empuje de Alejandro Galvis Galvis, Alejandro Galvis Ramírez y Silvia Galvis Ramírez. Su amor al periodismo y al terruño logró erigir esa centenaria memoria impresa de Bucaramanga, Santander y Colombia que es Vanguardia.

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