Publicidad

Columnistas
Martes 01 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

Habitar el vórtice, habitar lo salvaje

Compartir

A propósito de Ulibro.

La revista BLAST nació como proyecto artístico y literario del movimiento vanguardista vorticismo. Su primera edición vio la luz en junio de 1914, días antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, mientras que la segunda se publicó en pleno conflicto, en julio de 1915. Wyndham Lewis, editor y principal figura de la revista, se vio inmerso en constantes pleitos y censuras debido a sus posturas provocadoras; entre ellas, el rechazo del retrato de T. S. Eliot por parte de la Royal Academy of Arts.

En contraste con esta personalidad grandilocuente y controversial, me centraré en una artista del movimiento que, al parecer, buscaba mantenerse en la sombra. El deseo de anonimato de Helen Saunders quedó en evidencia incluso al firmar el manifiesto de la revista, donde su apellido apareció con una errata: “Sanders” en lugar de “Saunders”.

En 2019, Rebecca Chipkin y Helen Kohn, dos estudiantes del Courtauld Institute of Art, iniciaron una investigación sobre Praxitella (1920-21), una de las obras más emblemáticas de Lewis. Se sospechaba que había sido pintada sobre otro cuadro del propio Lewis, pero el análisis de rayos X reveló un hallazgo sorprendente: debajo de Praxitella yacía Atlantic City (1915), una obra dada por perdida de Saunders que, por fortuna, consta en la segunda edición de BLAST.

Este descubrimiento, hecho cien años después, reivindica a la más modesta de los vorticistas mediante un acto de reconocimiento tardío. No es casualidad que la obra haya encontrado el camino de regreso. Esa persistencia me hace pensar en la tesis de Vasili Kandinsky en De lo espiritual en el arte: el artista debe corresponder con su trabajo a la “necesidad interior”. Así parece haber ocurrido con Helen:

“…El artista se debe «educar» y ahondar en su propia alma, cuidarla y desarrollarla para que su talento externo tenga algo que vestir y no sea como el guante perdido de una mano desconocida, un simulacro de mano, sin sentido y vacía. El artista debe tener algo que decir porque su deber no es dominar la forma, sino adecuarla a un contenido.” (174).

Chipkin y Kohn, sin pretenderlo, hicieron justicia a la memoria de Saunders. Atlantic City salió a la luz trayendo de vuelta a Helen, que parecía condenada al olvido. Su obra nos recuerda que lo que nace de una búsqueda interior puede permanecer.

El vórtice, por definición, evoca un torbellino: un fenómeno natural que no puede ser domesticado. Crear, leer y escribir es también habitar lo salvaje; y esa fuerza oculta florece de maneras imprevistas y termina por brotar hacia la superficie, tal como la obra de Saunders, a la que ni el propio Lewis logró ocultar.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día