Desde finales del siglo pasado, hemos sido testigos de la politización de la migración, de la instrumentalización de la política migratoria, definida por la politóloga norteamericana Kelly M. Greenhill como aquellas acciones con intenciones represivas utilizadas como instrumento de política exterior para inducir cambios de política pública y obtener concesiones por parte de otros Estados. Greenhill sostiene que la política de migraciones tiene también como metas apropiarse de determinados territorios u obtener concesiones económicas.
Hispanoamérica ha sufrido la politización de la migración por parte de regímenes totalitarios. Fidel Castro promovió en 1980 el exilio de 150.000 cubanos empobrecidos por el comunismo marxista. La manipulación estratégica de Fidel le permitió infiltrar 25.000 criminales entre los migrantes, que salieron de las cárceles cubanas hacia Florida. El Éxodo de Mariel —como se conoce esta emigración forzada masiva— fue el modelo usado luego por los dictadores Hugo Chávez y Nicolás Maduro para promover la mayor calamidad social de la región: el exilio de 8,7 millones de venezolanos.
De este total, 6,7 millones de exilados se encuentran en América Latina y el Caribe. Colombia es el mayor receptor, con 2,8 millones de migrantes provenientes del vecino país, seguida de Perú (1,7 millones) y Chile (700.000). El Tren de Aragua, la organización criminal más poderosa de Venezuela, ha sacado tajada de esta crisis migratoria para instalarse y delinquir a sus anchas en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile. Se confirma, entonces, que la crisis migratoria venezolana tiene un carácter principalmente desestabilizador de la región. A buena hora, Estados Unidos declaró al Tren de Aragua como una organización transnacional narcoterrorista y lo incluyó en la Lista OFAC.
Marruecos originó la invasión de Ceuta el pasado 31 de julio —ciudad autónoma española desde el siglo XV— para expulsar a España de África. Se estima que un total de 80.000 marroquíes, equivalente al número de españoles que residen en Ceuta, asaltaron la única frontera europea en el continente africano. La crisis migratoria en Ceuta es muy grave: hermosa villa mediterránea convertida en un pozo séptico con la indolente complacencia del sanchismo.











