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Columnistas
Lunes 07 de septiembre de 2026 - 01:00 AM

“Bucaramanga, dan ganas de llorar”

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Les dan ganas de llorar a todos los que uno le pregunta sobre: ¿cómo ve a Bucaramanga?

Frase de Juanita, en el café Metropolitan, cuando la saludamos y se sentó con nosotros y la frase que me atrevo a copiar, la dijo cuándo le preguntamos cómo veía la ciudad, una preocupación de todos porque la llevamos en el corazón: “ No hallarás otra tierra ni otro mar. La ciudad irá en ti siempre. Volverás a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez; Pues la ciudad es siempre la misma…” de Kavafis, ese poeta griego.

Y Juanita siguió hablando: toda la ciudad por desgracia y delante de nosotros, la ha manejado la politiquería, seres mediocres, sin visión de la misma y su compromiso es solo con sus amigos, solo su “movimiento”, solo su “clientela”. Concejales, como muchos políticos, solo hacen componendas para alimentar su pendeja vanidad y su egolatría, se creen romanos con la toga de “ilustres”. Solo saben hacer negocios y no tienen la capacidad de sacrificio por la comunidad a la que dicen servir. Pendientes de los cinco mil vendedores ambulantes desparramados por la ciudad. Su capacidad electoral y también, los del “club” de los vendedores de frutas y de comida, sin ninguna regulación higiénica, sin agua para lavarse las manos venden sus millares de empanadas, de jugos y de avenas. Uno entiende que tienen que vivir, pero la Alcaldía no regula este oficio.

Todos lloramos por la ciudad, por su abandono, por su falta de liderazgo, por aquellos que quieren hacer “política” y su propósito es el “negocio· y no la ciudad. Esos politiqueros quieren quedar bien con todos y pisar “pasito” para no caerle mal al líder de los vendedores ambulantes, a los de las motos, a los piratas, etc.

Lloramos porque carecemos de transporte público y así, cada uno soluciona el problema a su manera.

Todos somos culpables de esta ciudad que como dijo una niña extranjera “está muy sucia” y a la que ahora llaman “Gazaramanga”, por su desastre ecológico, por su desarrollo y como dice un amigo: “¿cuándo seguiremos el ejemplo de Medellín que ha logrado bajar 2 grados la temperatura ambiente en las calles?”.

No más espacio para la politiquería, Bucaramanga tuvo mejores momentos y mejores líderes que en el siglo pasado y antepasado la planearon mejor, con más generosidad y más amable. Más amada.

Tenemos que volverla más humana, no le dejemos a los politiqueros su “desarrollo”. Una ciudad bien planeada sale del conocimiento y del amor, con jardines, con frutales, con sus plantas medicinales como esa París que soñaron algunos y sus bulevares. Una ciudad con un paisaje que refleje nuestra alma. Con cultura real, con la historia de la ciudad en las escuelas. Traigamos abundancia para todos. Sin egos, construyamos un nuevo bumangués. Nos despedimos porque se acabó el tiempo del café y del liderazgo gremial que no exige y se contenta con poco.

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