En Santander llamamos choneto a lo que quedó torcido o mal hecho. El término le sienta al Anillo Vial Externo Metropolitano —concebido para aliviar la movilidad entre Piedecuesta y Girón— que amenaza convertirse en una nueva frustración. La licencia ambiental otorgada por la CDMB despeja un obstáculo indispensable, pero no corrige los defectos del proyecto ni resuelve cómo habrá de terminarse.
El contrato lo celebró la Gobernación por un valor de 344.883 millones de pesos para construir 28 kilómetros de calzada sencilla. Fue puesto en marcha sin licencia ambiental, sin diseños definitivos y antes de efectuar la gestión predial. Se permitió avanzar con pedraplenes y pavimentos en sectores aislados, inversión que luego de tres años no significa aprovechamiento alguno.
No es irregular que en ciertos proyectos el constructor participe en el ajuste de los diseños. El desacierto consiste en comprometer una inversión de esta magnitud sin saber qué obra se va a ejecutar y cuánto costará. Aquí se contrató primero y luego se comenzó a establecer qué podía hacerse con el dinero disponible.
La actual administración avaló la modificación a doble calzada y cubrir su costo mediante valorización. La Asamblea autorizó este mecanismo, condicionado a un estudio de factibilidad encomendado a la UIS. Sus resultados no se han hecho públicos.
Ahora el gobernador admite que los recursos no alcanzan pues el nuevo costo estimado es de 2,8 billones de pesos, proporcionalmente, cuatro veces el valor del contrato inicial. Ante este panorama, plantea su acometimiento en tres fases. Primero el tramo entre El Buey y Chocoíta. La conexión de Chocoíta con Girón quedaría para después, mientras la segunda calzada no tiene fecha ni recursos definidos. ¿Qué queda entonces de la solución integral y qué ocurrió con la valorización anunciada?
La administración anterior dejó contratada una obra que no podía desarrollarse en las condiciones ofrecidas. La actual ha procurado corregirla; sin embargo, cada modificación termina convertida en una nueva cuenta para el Departamento. Los santandereanos no tenemos por qué pagar indefinidamente los errores de planeación de unos ni la indecisión de otros.

Si los recursos son limitados, debería priorizarse el sector entre Chocoíta y Girón. Su empalme con la vía de Guatiguará habilitaría una alternativa funcional para el embotellamiento entre Piedecuesta y Girón. Empezar por otro tramo puede mostrar avances de obra, pero no atendería la urgencia que motiva el Anillo.
La licencia ambiental es buena noticia, aunque no es un cheque en blanco. Antes de comprometer más dinero, al Gobierno departamental le corresponde procurar el uso eficiente de los recursos. La prioridad debe recaer en el tramo que preste un servicio real. Solo entonces comenzará a enderezarse un Anillo que sigue estando choneto.











