A raíz de los resultados obtenidos por Colombia en las pruebas PISA, de nuevo, los sectores político y educativo, han salido a rasgarse las vestiduras y a tratar de explicar el bajón sufrido, sobre todo, en calidad y equidad. Pareciera que la Educación siempre está en crisis, no logra los objetivos sociales que se le asignan, no conoce que finalidades debe cumplir y hacia donde orientar eficientemente su trabajo. Lo cierto es que la Educación es el más humano y humanizador de todos los empeños y esfuerzos que la sociedad realiza, y la reflexión sobre cómo la estamos desarrollando y cómo mejorarla, requiere de una mirada optimista, positiva y permanente, porque educar es creer en la perfectibilidad humana, en la capacidad de aprender, en el deseo de saber y en que las personas podemos mejorarnos entre sí. La educación es una labor compleja, valiosa, válida y un acto de coraje que requiere el compromiso de varios sectores y personas inmersas en un medio social que generalmente es adverso.
El primer eslabón de la cadena de actores que intervienen en la educación es la familia y paradójicamente, en general, los padres no están preparados para desempeñarla. La familia es la primera escuela de las personas, que posteriormente, van a constituir el alma y la vida de las sociedades. En ella se comienza a formar el ciudadano responsable, respetuoso, amante del bien común, el trabajador con calidad y espíritu de servicio. Si en la familia se vive en medio de la violencia, falta de afecto, indiferencia, falta de límites, desorden, soledad y mal ejemplo, es imposible que sus miembros se formen en valores indispensables para el aprendizaje y que la escuela asuma esta responsabilidad.
Cada familia es un pedazo de patria sobre el cual se construye la nación con los valores que sus miembros ostentan y que deben ser principalmente: interés por el conocimiento, relaciones de calidad, espíritu de servicio, predominio del diálogo sobre el silencio y la agresividad, búsqueda del bien común sobre el egoísmo y el materialismo. Las personas en la familia primero somos padres, hijos, hermanos, parientes y posteriormente, en la sociedad, prójimo, vecinos y hermanos comunitarios, conscientes de su dignidad y profunda condición humana, capaces de insertarse responsablemente en la sociedad.
Las políticas públicas para la educación y la escuela, en unión con la familia, conforman el trinomio de oro fundamental para una buena educación y formación de los ciudadanos. Deben asumir esta responsabilidad juntos, con optimismo, coordinadamente, con conocimiento y la convicción de que la Educación es el camino para el cambio.
Por: Martha Lucía Flórez de Jaimes












