El agua no puede entenderse de manera lineal. Llueve, alimenta los páramos y los ríos, hidrata los suelos, recorre el territorio y eventualmente regresa a la atmósfera para comenzar nuevamente su ciclo. Es un proceso natural que no podemos desconocer y que debería enseñarnos mucho sobre la manera como gestionamos este recurso.
Desde la perspectiva de los servicios públicos ocurre algo similar. Captamos el agua, la potabilizamos, la distribuimos y, después de utilizarla, la devolvemos a las fuentes hídricas a través del alcantarillado, en muchos casos sin el tratamiento adecuado. Aunque administrativamente las hayamos separado, estas actividades hacen parte de un mismo proceso.
Esta semana, César Camilo Hernández, gerente de EMPAS, y Juan Carlos Suárez, gerente del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga, presentaron sus renuncias. Quiero aprovechar esta oportunidad para reconocer su compromiso con la gestión del agua, el desarrollo de proyectos estratégicos y el crecimiento ordenado de nuestra área metropolitana. Ambos fueron aliados fundamentales en la construcción de la Agenda Estratégica del Agua y su contribución merece nuestro agradecimiento.
Su salida también representa una oportunidad para retomar una propuesta que he venido promoviendo desde hace más de cinco años. Bucaramanga necesita un operador integral de acueducto y alcantarillado.
El agua que ingresa a nuestras viviendas y negocios por el acueducto sale posteriormente por el alcantarillado. De hecho, la facturación de ambos servicios utiliza como referencia el consumo registrado en el mismo medidor. Sin embargo, mantenemos dos organizaciones independientes, cada una con sus estructuras administrativas, procesos y costos de funcionamiento.
Integrar estas capacidades permitiría consolidar una organización más robusta, ágil y eficiente, capaz de gestionar integralmente el servicio, optimizar recursos y ofrecer mejores resultados a los usuarios. No se trata simplemente de fusionar empresas para reducir gastos. Se trata de construir una estructura empresarial con la capacidad técnica, operativa y financiera que requieren los desafíos de nuestro territorio.
Las cifras hablan por sí solas. El Acueducto Metropolitano y EMPAS tienen a su cargo aproximadamente 2,4 billones de pesos de los 3,5 billones en inversiones identificadas por la Agenda Estratégica del Agua. Es decir, cerca del 67 % de los recursos necesarios para ejecutar los proyectos estratégicos priorizados.
Movilizar semejante inversión exige capacidad de estructuración, acceso a financiación, eficiencia operativa y una visión empresarial de largo plazo. Santander necesita un operador de talla mundial que pueda asumir estos desafíos y convertirse en referente de gestión inteligente del agua.
Tenemos dos grandes empresas, capacidades complementarias y una oportunidad que merece ser estudiada con rigor técnico y visión de futuro. Es momento de pensar en una sola organización capaz de gestionar integralmente el agua que utilizamos y devolvemos al territorio.
La naturaleza nunca separó el ciclo del agua. Ha llegado el momento de que nosotros dejemos de hacerlo.










