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Domingo 11 de octubre de 2026 - 01:00 AM

Una deuda con los barboseños

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Hace 15 años, el municipio de Barbosa contrató el proyecto de construcción y adecuación del centro de acopio y terminal de transporte, una necesidad histórica que, infortunadamente, aún hoy permanece sin solucionar.

El contrato inicial, suscrito en 2011, fue adjudicado al único proponente, “Consorcio Ferrocarril 2011”, por cerca de $2.500 millones, con un plazo de 8 meses. Sin embargo, la obra contratada nunca se terminó debido a problemas relacionados con sus diseños y terminó abandonada, convertida en elefante blanco.

Años después, en 2019, se impulsó nuevamente un proyecto relacionado con la adecuación y ampliación de la plaza de mercado y el centro logístico de transporte, por valor de $5.255 millones, el cual terminó liquidándose sin su culminación, pues, según la Contraloría General de Santander, durante la ejecución se tomaron decisiones que modificaron el alcance inicial del contrato y terminaron desfinanciando la obra, como, por ejemplo, la incorporación de ítems no previstos, calculados en $1.800 millones.

Este historial de incumplimientos fue derivado, entre otras cosas, de una deficiente fase de planeación del proyecto que, a la postre, afectó directamente el presupuesto y las condiciones técnicas de la obra, que, al quedar inconclusa, afecta directamente hasta el día de hoy a los barboseños.

Este caso es un claro ejemplo de que la planeación contractual no puede ser entendida como un simple requisito de trámite. La etapa de planeación es un pilar fundamental para la estructuración de un proyecto, dentro de la cual se busca anticipar riesgos, verificar que los estudios y diseños sean suficientes, establecer costos acordes con la realidad, determinar la viabilidad técnica y financiera del proyecto y garantizar las condiciones de ejecución.

Es tan importante una planeación efectiva que, cuando esta falla, las consecuencias pueden traducirse en una asignación ineficiente de los recursos públicos, haciendo que estos resulten insuficientes para culminar el proyecto o, peor aún, que sean invertidos de manera inadecuada, generando sobrecostos, retrasos, incumplimientos, obras inconclusas y, finalmente, pérdida de confianza en las instituciones.

No contar con un terminal de transporte y centro de acopio en Barbosa afecta la movilidad de pasajeros y carga, la organización urbana y el desarrollo económico de la región. Por eso, lo ocurrido con este proyecto debe convertirse en una lección sobre el costo que tienen las deficiencias en planeación y la ausencia de controles efectivos sobre la inversión pública.

Sin embargo, es momento de replantear seriamente la construcción de esta obra, partiendo de estudios técnicos y financieros sólidos, diseños completos, presupuestos realistas y una adecuada identificación de los riesgos que puedan comprometer su ejecución. Además, se requiere un seguimiento riguroso, una supervisión efectiva y un control oportuno que permitan exigir el cumplimiento de las obligaciones contractuales y actuar a tiempo ante cualquier irregularidad.

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