En mi columna anterior dije que el resultado electoral en Brasil es una señal de esperanza para quienes creemos en la democracia. Y lo mismo puede afirmarse de lo sucedido el pasado martes pues al gobierno incompetente, corrupto, autoritario, racista y climatoescéptico de Donald Trump le salió cara su aventura en Irán.
Hay esperanza cuando se analizan los malos resultados en Israel para Metanyahu; cuando uno ve a los jóvenes de las escuelas secundarias francesas saliendo a las calles para reclamar al gobierno de Macron la contratación de más profesores, y al movimiento estudiantil ganado las elecciones en Serbia-parte de la antigua Yugoslavia- para poner fin al régimen liderado por Aleksandar Vučić.
Algo está sucediendo en el mundo pues también en el Reino Unido, Bélgica, Portugal e Italia los ciudadanos están manifestándose contra políticas de austeridad que solo benefician a la banca internacional y a los fabricantes estadounidenses de armas mientras la gente de a pie debe soportar los altos precios de los alimentos, la vivienda y la energía.

Y los estadounidenses al entregarle el comando del Congreso a los demócratas también dejaron claro que están hartos de que el costo de vida suba mientras el gobierno Trump baja los impuestos a sus amigos y financiadores mega ricos. Que rechazan la arbitrariedad del ICE tanto como la proliferación de los centros de datos que acaparan el agua y las tierras. Y de paso le propinaron al “toxico” Netanyahu su segunda derrota en menos de dos semanas.
El histórico remezón demócrata deja a un Trump debilitado internamente mucho más que luego de las ‘midterms’ de 2018 cuando perdió la Cámara de Representantes, con un legislativo que además de poder, promover leyes, abrir comisiones de investigación e impulsar un eventual impeachment, podría hacer control presupuestal reviviendo los “shutdown” o parálisis administrativa del gobierno federal. Mientras veremos probablemente, a un presidente gobernando a partir de decretos presidenciales o blandiendo el poder de veto para bloquear iniciativas de sus opositores.
Aunque en materia de política exterior no son esperables mayores cambión pues allí el ejecutivo tiene amplias facultades si es muy probable que el reequilibrio de la política estadounidense más temprano que tarde repercuta en estos trópicos pues por ejemplo, el llamado a presidir Comité de asuntos exteriores de la Cámara será Gregory Meeks, representante demócrata por Nueva York quien cuestionó públicamente la intromisión del presidente De la Espriella en la campaña electoral a favor de María Elvira Salazar.











