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Jueves 05 de noviembre de 2026 - 01:00 AM

Los raseros de la justicia

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El domingo 18 de octubre se registraron en Instagram “mensajes intimidatorios y amenazas de muerte” contra Ana Lucía Pineda, esposa del Presidente, y sus hijos e hijas. El lunes 19, la Policía y la Fiscalía dieron con un joven que detuvieron en Pereira después de realizar (¿con orden judicial?) un allanamiento en su vivienda. El mismo día, la Fiscalía General le imputó varios delitos: “amenaza agravada contra servidores públicos (¿lo es una “primera dama”?) y “tráfico, fabricación o porte de estupefacientes”, que fueron encontrados en su casa. De una, un juez de control de garantías lo mandó para La Picota, en la que entró esposado de manos y pies y rapado. Este muchacho inmaduro, según su abogado, está presentado culpable antes de ser juzgado y considerado un peligro para la sociedad.

El lunes 19 de octubre, la joven Gerlein Giovanna Joya Ibáñez, quien recientemente había terminado con su pareja, dejaba la casa de su padre para dirigirse a su trabajo en el municipio de Puerto Wilches. En el camino fue interceptada por su asesino, quien, después de dispararle a la cabeza, busca hacer pasar el crimen por accidente de tránsito. Medicina Legal mostró que así no fue. Todas las sospechas recaen sobre el excompañero de Gerlein Giovanna, quien se dio a la fuga. Con menos de 40.000 habitantes en Puerto Wilches, dar con el principal sospechoso no es como buscar una aguja en un pajar. Sin embargo, a más de una semana del feminicidio, aún no se registra captura. Con velatones, camisetas blancas y marchas se exige celeridad a la Fiscalía y la Policía.

Dos casos, dos mujeres en situación de riesgo, inminente o no. Dos mujeres para las que las rutas de prevención, protección y atención contra las violencias debían funcionar de manera similar en función de los riesgos identificados.

Hay rutas de prevención y atención escritas, pero su aplicación falla. ¿Por tiempos y congestión? ¿Por desidia? El papel aguanta mucho, pero las barreras pueden más. ¿Será que dependen de las convicciones de las personas encargadas y de la identidad de la mujer en riesgo? Se tienen poco en cuenta las amenazas por celular y redes, y luego, para muchas mujeres y sus familiares, las herramientas de la justicia son marchas, plantones y velatones con camisetas blancas.

Cuidar de la primera dama de Colombia, quien no tuvo que llamar varias veces a los organismos de control y las instituciones encargadas para que fuera atendido su caso, es justo. Pero cuidar de ella no es proteger a todas las otras que están en riesgos inminentes, las que denunciaron y siguen temiendo. Todas las mujeres tienen derecho a que se cumplan de manera eficiente las normas de protección y atención frente a las violencias que las aquejan.

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