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Jueves 05 de noviembre de 2026 - 01:00 AM

¿Un show? La seguridad también se siente

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Hay quienes critican al presidente Abelardo de la Espriella porque aparece armado, acompaña operativos policiales y participa personalmente en acciones contra la delincuencia. Algunos dicen que es un espectáculo, una estrategia mediática, una manera de llamar la atención.

Puede que exista algo de eso. Pero yo quisiera mirar lo que está ocurriendo desde otra perspectiva: la salud mental de los colombianos.

Durante años hemos aprendido a vivir con miedo. Miedo a salir de noche, a detenernos en un semáforo, a contestar una llamada desconocida, a que nuestros hijos no regresen a casa. Hemos normalizado situaciones que jamás debimos considerar normales.

Y vivir con miedo tiene consecuencias.

Como psiquiatra, sé que la exposición permanente a situaciones de amenaza puede generar ansiedad, hipervigilancia, alteraciones del sueño y una sensación constante de vulnerabilidad. Pero también sé que sentirnos protegidos puede ayudarnos a recuperar la tranquilidad.

Por eso considero importante lo que está haciendo el presidente.

No me refiero únicamente a las capturas, las armas incautadas o los operativos que vemos en televisión. Me refiero al mensaje que transmite una autoridad cuando decide hacerse visible, acompañar a quienes enfrentan la delincuencia y demostrar que la seguridad ocupa un lugar prioritario en su agenda.

La presencia también comunica. Y, en determinadas circunstancias, puede generar confianza.

Algunos podrán decir que todo está calculado para las cámaras. Es posible. Pero que una acción sea mediática no significa necesariamente que carezca de valor. La pregunta es si detrás de esas imágenes existen resultados.

Los operativos recientes han dejado capturas e incautaciones. Son hechos que merecen atención. Sin embargo, sería prematuro afirmar que ya representan una transformación profunda de la seguridad nacional. Eso tendrá que demostrarse con cifras comparables, reducción de delitos y resultados sostenidos.

Personalmente, encuentro valioso que la seguridad vuelva a ocupar un espacio tan visible en la conversación nacional. Y reconozco que esta manera de ejercer el liderazgo puede transmitir una sensación de respaldo a quienes durante mucho tiempo se han sentido desprotegidos.

Eso no significa entregar un cheque en blanco. La autoridad debe ejercerse dentro de la ley, respetando los derechos de todos, incluso de quienes son capturados.

Tampoco basta con sentirnos seguros. Necesitamos estarlo.

La seguridad psicológica y la seguridad real deben caminar juntas. Porque una imagen puede producir tranquilidad durante unos minutos, pero solamente una política pública efectiva puede sostenerla en el tiempo.

Así que, cuando escucho que todo esto es un show, prefiero hacerme otra pregunta: ¿qué hay detrás de las cámaras y qué está cambiando realmente en nuestras calles?

Si las acciones visibles se traducen en menos violencia, menos extorsiones y más tranquilidad para las familias, estaremos ante algo mucho más importante que una estrategia de comunicación.

Porque la seguridad no solamente se mide. También se siente. Y los colombianos necesitamos ambas cosas.

Bienvenidos a la clínica del alma.

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