En semanas pasadas se divulgaron las noticias de adolescentes, casi niños, de varios colegios del país que ingirieron pastillas de Sildenafil, comúnmente llamado Viagra (¿quién se las suministró?). Algunos tuvieron que ser hospitalizados. Una rectora dejó entender que solo le hizo daño a uno de los chicos porque lo mezcló con una bebida energizante. Recalcó que los chicos habían ingerido una cantidad muy pequeña de Viagra, defendió el buen nombre del colegio, y precisó que era un asunto de familia y de padres que no prestan suficiente atención a sus hijos.
En unos casos los alumnos afectados tenían entre once y doce años. ¿Qué buscaban tomando Viagra? No parecen relacionarlo con potencia sexual o placer. Se trataba de responder a un reto virtual, una provocación para hacerse populares y sentirse aceptados acumulando “like”. Actitud sumamente peligrosa desde cualquier punto de vista.
Los y las preadolescentes y adolescentes reivindican libertad y “derecho al libre desarrollo de la personalidad”, pero son bastante influenciables y con tendencia a adoptar conducta gregaria, buscando la aprobación de su grupo de pertenencia o del de sus sueños. Son personas en desarrollo, propensas a actuar “de una” sin pensar en consecuencias; son sensibles y vulnerables frente a las presiones sociales. Se enfrentan así a desafíos absurdos y peligrosos, propuestos en las redes sociales por personas irresponsables. Muchos de estos desafíos retan a desafiar los límites corporales e incitan a hacerse daño; son retos a muerte que se aprovechan de los dobles anhelos juveniles, de transgresión y de aceptación. Niñas se cortan y pueden matarse sin conciencia de que en cuestión de segundos el juego puede dejar de serlo. ¡En la realidad los héroes no se levantan cuando acaba la grabación!
¿Cómo hacer para que los/as jóvenes no expongan su vida por conseguir más “like” de notoriedad? Estar presentes y atentos, no prohibir sino acompañar. Fomentar el pensamiento crítico que da capacidad de develar lo absurdo y peligroso del reto. Desarrollar la capacidad de poner límites. Dar mayor importancia a las relaciones reales que a la popularidad virtual. Conversar en familia y en los salones de clases.









