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Eduardo Pilonieta Pinilla
Viernes 02 de marzo de 2012 - 12:00 AM

Esos, los piratas

Publicado por: Eduardo Pilonieta Pinilla

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Las ciudades han implementado diferentes modelos de transporte para ofrecer este servicio, indispensable, para muchísimas personas. Desafortunadamente, la necesidad va más rápido que la oferta, lo cual propicia la generación de medios alternativos, que llenen el vacío que el sistema tradicional no cubre, porque no puede, no quiere o no es rentable. No justificamos la piratería, pero sí la entendemos; basta simplemente con mirar lo que sucede en cualquiera de los sitios o de las rutas cubiertas por este transporte y así se comprende la absoluta necesidad del sistema. Cuando el servicio legal de transporte no logra cubrir las necesidades de la demanda, aparecen los piratas convertidos en el único medio eficaz para que las gentes puedan trasladarse. Miremos, por ejemplo, la comunicación entre Floridablanca y Acapulco por cualquiera de sus dos accesos, para solo citar un ejemplo; ante la deficiente prestación de servicio autorizado, las gentes acuden a los piratas, que les atienden  de forma inmediata, ágil, rápida y barata. Ahora, mientras un carro nuevo para taxi vale $30 millones y  “el cupo”, esa vagabundería que nadie entiende cómo funciona, cuesta $60 millones más, es decir, un taxi nuevo vale la bobada de $90 millones, con escasos $5 millones en promedio se puede adquirir un segundazo bueno, que dedicado al transporte ilegal da de comer a toda una familia y soluciona el problema de transporte de muchos otros ciudadanos que carecen de él. Lo curioso del caso es que donde hay buen transporte no hay piratería, lo cual indica que esta es un efecto de la deficiente prestación del sistema público en general y que, gracias a ella, las gentes de algunas partes de la ciudad pueden suplir las necesidades de un servicio que de otra manera no tendrían. Además, todos cabemos en un tarrito sabiéndonos organizar; por lo tanto, hay público para todos y los que tienen para tomar un taxi aunque sea caro lo hacen y el que no tiene se acomoda, pues siempre habrá quien le pueda resolver sus necesidades y todos, hasta los piratas, contribuyen a hacer patria. Estado, cure la causa, para no tener que combatir el efecto.

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