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Eduardo Pilonieta Pinilla
Viernes 24 de mayo de 2013 - 12:01 AM

Qué nos dieron, qué les dimos

Publicado por: Eduardo Pilonieta Pinilla

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Los puentes festivos sirven, entre otras cosas, para analizar con los amigos aquellos sucesos que no cambian el mundo pero nos permiten distraernos constructivamente y generar discusiones que vale la pena compartir.

Hablamos de los animales y plantas que se aportaron, en doble vía, a raíz del descubrimiento de América y de cuáles fueron estos. Los conquistadores nos trajeron: caballos, burros, cerdos, cabras, perros, gatos, gallinas, carneros, ovejas, palomas, ratas y yeguas, entre otros. Nosotros teníamos: pavos, patos, roedores como el curí, chigüiros, cóndores, papagayos, tapires, boas, mofetas, pirañas, llamas y alpacas.

Los descubridores nos trajeron: aceitunas, ajo, alcachofas, almendras, arroz, avena, azafrán, berenjena, apio, cebada, cebollas, habas, higuerilla, jengibre, lechugas, limones, perejil, remolacha, repollo, rosas, soya, té, trigo, tulipanes, uvas, zanahorias y el memorial café.

Nosotros le dimos al mundo: aguacates, anones, calabazas, chocolate, tabaco, papaya, tomates, piñas, zapotes, coca, curuba, frailejones, girasoles, pimentones, fríjoles, yuca, vainilla, guayaba, mamey, fique y maíz.

Nuestros ancestros no fritaban, pues no conocían ni el aceite ni la manteca; su alimentación se basaba en los cocinados; los españoles trajeron el cerdo y con él la grasa y, por eso, si quisiéramos intentar un plato simbiótico este sería: carne frita con yuca cocinada, ají y chicha o vino.

El nuevo mundo le dio a la civilización el más versátil alimento que da la naturaleza: el maíz; el acero vegetal por excelencia: la guadua; los platos naturales: las calabazas o totumos y el prohibido y enviciante tabaco.

También le dimos a ese mundo el tomate, que los italianos apreciaron para agregarlos a sus pastas y así crear esos platos que nos deleitan hoy en día.

Desde luego que los españoles también trajeron: la religión católica, las viruelas, el idioma español, la pólvora y la rueda.

Lástima que los invasores no hayan protegido, conservado y asimilado la ingeniería y arquitectura desarrollada para su tiempo por los aztecas, para solo citar un caso.

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