Publicidad

Eneas Navas
Martes 01 de julio de 2025 - 01:00 AM

Sagitario: La ciudad que no escucha y se fragmenta

Hoy más que nunca se requiere una pedagogía urbana de la validación. Escuchar no es un lujo: es una estrategia para fortalecer la gobernanza desde la empatía.

Compartir

En las relaciones cotidianas —afectivas, profesionales o comunitarias— la invalidación de emociones y opiniones es una forma silenciosa pero poderosa de violencia. Se manifiesta cuando alguien minimiza lo que otra persona siente o actúa como si su experiencia careciera de valor. En la era de la autoafirmación, con frecuencia se impone el “yo tengo la razón” sobre el “quiero entender”. Esta lógica también se reproduce en la vida social y política de las ciudades.

En Bucaramanga (la metropolitana), como en muchas urbes latinoamericanas, la invalidación social no siempre se expresa con gritos o decretos. A veces basta con el silencio institucional, con políticas públicas que no consultan a nadie, o con miradas que descalifican por el acento o el lugar de residencia.

Basta observar la población en condición de discapacidad que intenta movilizarse por la ciudad. La ausencia de rampas, señalización y transporte accesible limita su autonomía y transmite el mensaje de que sus necesidades no son prioritarias. También ocurre con los vendedores informales del centro, que son desalojados sin reconocer las causas estructurales de su precaria situación. Se les trata como un problema de espacio público, no como ciudadanos con derechos. Incluso en los espacios de participación juvenil (y con otros enfoques), las propuestas suelen ser desestimadas por considerarse ingenuas o poco viables, invalidando su experiencia y capacidad de incidencia.

Incluso en los debates sobre movilidad, la invalidación se cuela. Medidas como el pico y placa o la restricción del parrillero, cuando se imponen sin diálogo, deslegitiman la experiencia de quienes dependen de estas formas de transporte. Todos son ciudadanos y no cifras.

La invalidación excluye y fractura. Validar no es un gesto menor. Es un acto político. “Su experiencia importa”.

El área metropolitana de Bucaramanga, nacida el 15 de diciembre de 1981, lleva en su carta astral el signo de Sagitario. Como el arquero del zodiaco, esta ciudad ha sido ambiciosa y expansiva. Pero cuando la flecha del desarrollo no reconoce los límites del otro, se convierte en un proyectil que hiere. La libertad auténtica no es la que arrolla, sino la que se construye con los demás.

Hoy más que nunca se requiere una pedagogía urbana de la validación. Escuchar no es un lujo: es una estrategia para fortalecer la gobernanza desde la empatía.

¿Está la ciudad dispuesta a escuchar de verdad? La ciudadanía debe expresar, de manera respetuosa y tranquila, las situaciones en las que se siente ignorada, deslegitimada o excluida en su vida cotidiana o en decisiones públicas. Nombrar lo que duele sin herir y compartir lo que incomoda sin gritar es un acto de dignidad. Porque solo una ciudad que escucha puede transformarse en una ciudad que cuida.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día