sábado 05 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Educar para la ciudadanía

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Se acaba de publicar por parte del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE), el análisis de los planes de estudio de dieciocho países de América Latina y el Caribe, el estudio registra los objetivos de aprendizaje más comunes en las áreas de lenguaje, matemáticas y ciencias. Así mismo, se analiza qué tan presentes están los contenidos, los conceptos y las propuestas para desarrollar una educación para la ciudadanía mundial y una educación para el desarrollo sostenible. Es un documento valioso que permite una visión de conjunto acerca de la educación básica en Latinoamérica, el lector lo puede encontrar en la página web del LLECE o en la página de la UNESCO con en nombre de análisis curricular.

Por ahora, sólo nos ocuparemos del área de la educación para la ciudadanía mundial. La UNESCO considera la ECM como “una educación que nutre el respeto por todos, construye un sentido de pertenencia a una humanidad compartida y ayuda a los estudiantes a ejercer una ciudadanía global, responsable y activa” (UNESCO 2019). Este programa reconoce que la escuela está ligada a la crisis compleja y profunda del mundo actual y por tanto, debe promover valores universales de solidaridad, paz, justicia, igualdad, así como la defensa de la dignidad humana y la promoción de los derechos humanos en lo local y lo global.

El Estudio realizado por el LLECE y la Universidad de Chile, encontró vacíos en la formación para la ciudadanía, aspectos como la libertad, la fraternidad, la equidad apenas se asoman en los planes de estudio de manera muy tímida. Los estudiantes de América Latina carecen de entrenamiento para desarrollar el pensamiento reflexivo, la toma de decisiones y el pensamiento lógico. Los valores esenciales para la convivencia que hacen parte fundamental de la ciudadanía como la dignidad, la empatía y la felicidad reciben muy poca atención por parte de los currículos latinoamericanos.

Cuando las instituciones educativas carecen de utopía y de una visión de largo plazo, como es el programa de una educación para la ciudadanía mundial, están negando a los niños y a los jóvenes la oportunidad de desarrollar una comprensión crítica y transformadora de un mundo que marcha aceleradamente en la dirección de su propio funeral.

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